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Face au Covid, l’enjeu du salariat, editado por Claude Didry

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    Face au Covid, l’enjeu du salariat, editado por Claude Didry

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2025-12-16

Reseña original en francés publicada en Revue internationale du Travail 164 (4). Traducción de Marta Pino Moreno. Traducida también al inglés en International Labour Review 164 (4).

                                                                                                                               

A partir del estudio de siete sectores de actividad económica, en esta obra colectiva se analiza de qué manera las instituciones del trabajo asalariado en Francia —principalmente los órganos de representación de los trabajadores— ayudaron a sobrellevar la crisis de la COVID-19. Según los autores, la experiencia de la crisis sanitaria ha demostrado la importancia de la protección que aportan esas instituciones, así como la necesidad de reconsiderar los retos a los que se han visto sometidas en los últimos años.

En la Francia del siglo XX la regulación del trabajo se estructuraba por sectores económicos. Sin embargo, las sucesivas reformas de los últimos veinte años han debilitado la negociación sectorial en favor de una regulación de ámbito empresarial, aparentemente más sujeta a los intereses de los empleadores que a los de los trabajadores.1 Los autores prestan especial atención a la reforma de los órganos de representación de los trabajadores adoptada en 2017, mediante la cual se suprimieron los órganos especializados en seguridad y salud en el trabajo —los llamados comités de trabajadores de salud, seguridad y condiciones de trabajo (CHSCT)—, cuyos asuntos han quedado diluidos en el conjunto de cuestiones sobre las que se consulta a los representantes del personal en un único órgano: el Comité Económico y Social (CSE). Este proceso de desespecialización, que ha marginado las cuestiones de seguridad y salud en el trabajo, parece haber ido a contracorriente de la historia desde el momento en que estalló la crisis de la COVID-19 y las empresas se vieron obligadas a elaborar protocolos sanitarios para organizar la producción. La centralización del diálogo social en grupos de empresas, que fue otra consecuencia de las recientes reformas de la negociación colectiva, acentuó el desajuste. Al alejarse de la realidad del lugar de trabajo, las negociaciones y consultas ya no se fundamentan en un conocimiento detallado de las especificidades de la actividad en los talleres y servicios, algo esencial para organizar los procesos durante una crisis sanitaria.2 Así lo explica Denis Giordano en el capítulo 2, relativo a las empresas de obras públicas. Según este autor, la centralización del diálogo social redujo la capacidad de los representantes de los trabajadores para controlar y adaptar las disposiciones sanitarias en el lugar de trabajo. Con respecto al sector del automóvil (capítulo 5), Juan Sebastián Carbonnell señala asimismo que la desaparición de los CHSCT debilitó la consulta a nivel local. En el sector de las telecomunicaciones, estudiado por Camille Dupuy y Jules Simha (capítulo 6), y en el sector bancario, analizado por Vincent-Arnaud Chappe (capítulo 7), también se observa que la centralización del diálogo social menoscabó la representación de los trabajadores.

Como la reforma era reciente, la experiencia que todavía conservaban los representantes de los trabajadores en cuestiones de salud laboral fue, paradójicamente, lo que permitió superar la crisis sanitaria. En el caso del hospital público estudiado por Damien Cartron y Claude Didry (capítulo 1), debido a la demora en la aplicación de la reforma, aún no se había suprimido el CHSCT al comienzo de la pandemia. La industria cinematográfica, sobre la que versa el estudio de Samuel Zarka (capítulo 3), tradicionalmente ha delegado la negociación relativa a las cuestiones de salud, seguridad y condiciones de trabajo en un «CHSCT sectorial», lo que la eximió de la reforma de 2017. En ambos casos, la conservación de los conocimientos especializados y los foros de negociación crearon las condiciones necesarias para mantener o reactivar rápidamente la actividad. En otros sectores en los que ya se habían reformado los órganos de representación, como el de la construcción y las obras públicas, la experiencia todavía reciente de los CHSCT posibilitó la celebración de consultas útiles entre los representantes de los trabajadores y los empleadores, lo que limitó el riesgo sanitario (capítulo 2). Por último, en respuesta al vacío que quedó tras la desaparición de los CHSCT, el grupo automovilístico examinado en el capítulo 5 acabó creando comités locales de salud para establecer los protocolos sanitarios locales, con la participación de representantes sindicales. En cambio, el ejemplo de McDonald’s analizado por Karel Yon (capítulo 4) muestra cómo los órganos de representación de los trabajadores y organizaciones sindicales en situación de fragilidad, carentes de experiencia técnica bien afianzada, quedaron marginados en la regulación de las cuestiones sanitarias y en la organización de la continuidad o reanudación de la actividad. Estos asuntos se negociaron exclusivamente entre McDonald’s Francia y sus franquicias. Así pues, la experiencia de la crisis sanitaria pone de relieve, por un lado, la importancia de establecer foros de negociación colectiva lo más cercanos posible a las condiciones de trabajo y, por otro lado, los efectos nocivos a largo plazo causados por la pérdida de competencias técnicas tras la supresión de los CHSCT.

La crisis sanitaria también puso de manifiesto el poder protector de las instituciones del trabajo asalariado. En el siglo XX esas instituciones habían redefinido el trabajo asalariado apartándolo de su acepción puramente mercantil, con la imposición del contrato de trabajo y la responsabilidad patronal, por un lado, y mediante la extensión de sus condiciones al ámbito sectorial o interprofesional, por otro.3 Las instituciones del empleo asalariado en Francia, a pesar de ser vigorosas (tres cuartas partes de los contratos siguen siendo indefinidos y el estado del bienestar es de alto nivel),4 han recibido constantes ataques durante los últimos cuarenta años, y el fundamento del derecho a la remuneración, ya sea en el empleo o a través de la protección social, se ha ido cuestionando progresivamente.5 Sin embargo, fue la desmercantilización del trabajo lo que permitió superar la crisis sanitaria en Francia. En opinión de Damien Cartron y Claude Didry (capítulo 1), el régimen de la función pública hospitalaria, por el que se desmercantiliza en gran medida el empleo del personal sanitario no médico, fue el pilar de la capacidad de movilización y reorganización de los servicios durante la crisis sanitaria. El recurso masivo a las indemnizaciones del régimen de regulación temporal del empleo en el sector de la construcción y la industria del automóvil ayudó a proteger los vínculos de los trabajadores con sus empresas, incluso cuando la economía estaba paralizada y los trabajadores se quedaban en casa, creando las condiciones propicias para una rápida recuperación una vez levantadas las restricciones.

Al documentar la capacidad de las instituciones salariales para hacer frente a una crisis profunda, el libro invita a reflexionar sobre los efectos regresivos de las reformas de los últimos años. Claude Didry concluye que es necesario volver a la situación anterior: la protección del contrato de trabajo en lugar de la uberización del empleo; el salario basado en la calificación antes que en las primas; la comodidad del lugar de trabajo en vez de la espiral del teletrabajo y la oficina flexible; y los CHSCT como condición democrática. No obstante, la «restauración» de las instituciones del trabajo asalariado, en referencia el título del capítulo final, debe contrastarse con los resultados expuestos en el propio libro. Por lo que respecta a la democracia en el trabajo, la presencia de un CHSCT no fue suficiente para garantizar una gestión negociada de la organización del trabajo durante la crisis sanitaria: en uno de los hospitales estudiados (capítulo 1), el CHSCT quedó excluido de las negociaciones sobre ese tema. A la inversa, en el grupo automovilístico estudiado (capítulo 5) ya no existía el CHSCT, pero los comités sanitarios locales proporcionaron un foro de negociación. Las modalidades de gestión de la crisis sanitaria en McDonald’s tampoco pueden achacarse a la desaparición de los CHSCT, sino al peso de los franquiciados y a la escasa cultura de la negociación (capítulo 4). Por último, más que el régimen de la función pública hospitalaria, ¿no fue sobre todo la supresión de la burocracia de gestión lo que facilitó la fluidez organizativa en los hospitales durante la crisis de la COVID-19?6 Esto nos recuerda que, más allá de los órganos de representación del personal, el principal escollo para «restaurar la democracia» (pág. 249) radica en el aparato gerencial que monopoliza con sus prerrogativas el control del trabajo.7

En otro orden de cosas, el llamamiento del libro a «restaurar el contrato de trabajo» (pág. 228) no debe ocultar el hecho de que el contrato indefinido protege a quienes tienen un empleo asalariado (los insiders) en detrimento del resto de los trabajadores (los outsiders). Sin embargo, el colapso de la temporalidad durante la crisis sanitaria indica que el contrato de trabajo como base de los derechos salariales deja a los empleados a merced de la extinción contractual. El régimen de la función pública y el derecho a mantener los ingresos salariales entre dos empleos, siguiendo el modelo de intermitencia laboral característico de la industria del espectáculo,8 parecen más seguros que el contrato de trabajo, al vincular los derechos salariales al individuo y no al puesto. La reivindicación de ciertos logros de las instituciones del empleo asalariado, en el ámbito de la empresa o a nivel sectorial, debe complementarse con otra enseñanza de la crisis sanitaria, a saber: la necesidad de impulsar la desmercantilización del trabajo más allá del contrato típico, a fin de conceder a los trabajadores una mejor protección y mayor control sobre su actividad laboral.9

Jean-Pascal Higelé

TETRAS, Université de Lorraine

Notes

  1. Baptiste Giraud y Jérôme Pélisse, eds., Le dialogue social sous contrôle (París: PUF, 2024).
  2. IRES, «Après les ordonnances Travail de 2017: une négociation collective toujours plus proche de l’entreprise?», La Revue de l’Ires 107-108, núm. 2 (2022).
  3. Claude Didry, L’Institution du travail: droit et salariat dans l’histoire (París: La Dispute, 2016).
  4. Christophe Ramaux, L’État social: pour sortir du chaos néolibéral (París: Mille et une nuits, 2012).
  5. Jean-Pascal Higelé, ed., Les transformations des ressources des travailleurs: une lecture de l’emploi et des droits sociaux en France (Nancy: Presses universitaires de Nancy, 2009).
  6. Fanny Vincent y Pierre-André Juven, «De Charybde en Scylla: l’hôpital au gré des crises», Savoir/Agir 56, núm. 2 (2021): 11-20. https://doi.org/10.3917/sava.056.0013.
  7. Lionel Jacquot, L’enrôlement du travail: comprendre la machinerie managériale (Nancy: Presses universitaires de Nancy, 2014).
  8. Mathieu Grégoire, Les intermittents du spectacle: enjeux d’un siècle de luttes (de 1919 à nos jours) (París: La Dispute, 2013).
  9. Jean-Pascal Higelé, «Formes de valorisation du travail: le «crash-test» du confinement», Les mondes du travail, núm. 26 (2021): 135-146.