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Artículo

Responder al desafío de la IA recobrando la inteligencia humana a través del trabajo

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Resumen

La tesis de este artículo es que la fascinación excesiva por la inteligencia artificial (IA), al igual que el miedo a este fenómeno, surge de una comprensión errónea de la inteligencia humana (IH) e impide que esta última desarrolle todo su potencial. El entusiasmo actual por la IA a menudo pasa por alto una deshumanización concomitante de la propia IH. Tomando el trabajo como escenario clave en el que se forja el futuro de la inteligencia, este artículo aboga por una concepción mucho más expansiva de la IH. Se ponen de relieve sus facultades y dimensiones constitutivas, señalando también las limitaciones, a menudo olvidadas, de la IA. Los autores sostienen que este momento crucial de transición y sus innumerables desafíos brindan una singular oportunidad para cultivar, en el trabajo, las dimensiones intrínsecamente humanas de la inteligencia, que no solo permanecen en gran medida desaprovechadas, sino que también son esenciales para humanizar la vida laboral.

Palabras clave: inteligencia artificial, inteligencia humana, trabajo, futuro del trabajo

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Publicado el
2025-12-16

Revisión por pares

La responsabilidad de las opiniones expresadas en los artículos solo incumbe a sus autores, y su publicación en la Revista Internacional del Trabajo no significa que la OIT las suscriba.

Artículo original: «Responding to the Challenge of AI. Retrieving Human Intelligence through Labour». International Labour Review 164 (4). Traducción de Marta Pino Moreno. Traducido también al francés en Revue internationale du Travail 164 (4).

                                                                                                                               

1. Fascinación cegadora y a menudo deshumanizante

Los seres humanos sentimos fascinación por el fenómeno de la inteligencia artificial (IA) desde hace decenios y, ya desde mucho antes, por el auge de la tecnociencia en general.1 No es de extrañar que así sea, teniendo en cuenta la mejora que ese proceso ha traído consigo en los aspectos materiales de la vida humana. Sin embargo, cegados por la luz del progreso tecnocientífico, hemos descuidado colectivamente la exploración y el cultivo de nuestra propia inteligencia humana (IH) en todas sus dimensiones. Lo que suele pasar inadvertido en esta historia de progreso es que la IA, entre otras tecnociencias, ha centrado nuestra atención en un único aspecto de la IH, de carácter funcional e individual, que puede ser modelizado y replicado mediante máquinas.2 Hace tiempo que se prioriza la inteligencia funcional porque nos ayuda a obtener resultados que satisfacen nuestras necesidades. Sin embargo, la inteligencia funcional no nos dice qué resultados merece la pena perseguir y por qué, ni se preocupa por los sujetos involucrados o afectados. Es la inteligencia reducida a funcionalidad o aptitud: el «cómo» funciona algo, sin tener en cuenta el «qué», el «quién» y el «porqué». En el mundo del trabajo, este reduccionismo funcional de la IH podría equipararse a concebir erróneamente la actividad laboral como pura productividad, carente de otro sentido, prescindiendo de su impacto humano o ambiental.

En cambio, no se ha prestado suficiente atención o se ha atribuido un valor «subjetivo» menor a otras dimensiones de la IH que afectan a la esencia de la humanidad, como la capacidad de crear valores que estimulen la acción, de cuestionar y cambiar paradigmas, de improvisar creativamente, de ejercer el sentido común o de experimentar amor. Con el fin de comprender la vida y la inteligencia, el ser humano las ha simplificado mediante modelos científicos. Esto ha resultado muy útil desde una perspectiva instrumental, pero su inconveniente ha sido creer que un mapa tan limitado (y limitador) constituye nuestra verdadera realidad.3 Así, la inteligencia se ha equiparado en gran medida a la inteligencia funcional; y, en aras de su automatización a través de la IA, estamos perdiendo de vista el potencial y la riqueza más amplia de la IH, lo que lleva a aberraciones tales como la identificación de la IH con un mero procesamiento de datos. La fascinación por la tecnociencia no solo nos ha llevado a someter la fuerza de trabajo al dictado de la tecnología o a antropomorfizar la máquina (por ejemplo, el robot), sino que también nos impulsa a fantasear con convertirnos en una máquina, sin tener en cuenta las numerosas deficiencias de ese objeto ni el potencial inexplorado de nuestra propia inteligencia.

El triunfo de la IA también suscita miedo, sobre todo en el mundo del trabajo, a semejanza de la reacción ludita contra las máquinas durante la primera revolución industrial. Este miedo resulta especialmente desalentador, pues se cree que la IA no solo se está apoderando de los puestos de trabajo, sino que gestiona, selecciona, despide y, cada vez más, supervisa el trabajo humano (véase Aloisi y De Stefano 2022). Sin embargo, sería un error reaccionar con fatalismo ante toda la IA, o ante la tecnociencia en general, cuando el quid de la cuestión es que se han descuidado algunos aspectos fundamentales de la IH.4 En lugar de ello, debemos ser proactivos. Es en el ámbito del trabajo donde se despliega en gran medida el funcionamiento de la inteligencia (a menudo en respuesta a las exigencias del mercado de trabajo). Por lo tanto, es ahí donde se decide el futuro de la IH.

Tradicionalmente, la inteligencia en el trabajo se ha centrado en la obtención de resultados basados en conocimientos anteriores. En consecuencia, el trabajo ha favorecido habitualmente el desarrollo de la inteligencia funcional programada (una forma de inteligencia en la que pueden superarnos las máquinas, y que puede llevar más fácilmente a la mercantilización del trabajo), al tiempo que ha descuidado otras formas de IH, como la creatividad y la capacidad de identificar valores que orienten las acciones en el ámbito laboral.5 En la actualidad, para que los seres humanos sigan siendo relevantes y se sientan realizados, los procesos de trabajo han de distinguir entre los ámbitos en los que la IH destaca, sobre todo al enfrentarse a lo desconocido y al abordar nuevos retos (es decir, abordar el futuro), y aquellos en los que la IA es más potente, principalmente la computación y la extracción de patrones a partir de enormes cantidades de datos (es decir, dominar el pasado).

Ante la amenaza de una dictadura digital, y a fin de preservar la propia relevancia y supervivencia de los seres humanos, es imperativo cultivar una inteligencia libre, colectiva y creativa en el trabajo, poner la poderosa herramienta de la IA al servicio de la IH, no a la inversa, y de ese modo desmercantilizar el trabajo.6 Sostenemos que el entusiasmo excesivo por la IA y el miedo a ella surgen de una comprensión errónea de la IH e impiden que esta última despliegue todo su potencial. La fascinación cegadora por la IA a menudo oculta una deshumanización de la propia IH. Tomando el trabajo como escenario clave en el que se forja el futuro de la inteligencia, este artículo propugna una concepción mucho más amplia de la IH y nos invita a aprovechar este momento crucial, junto con sus innumerables retos, como una oportunidad para cultivar las dimensiones intrínsecamente humanas de la inteligencia en los lugares de trabajo. Estas dimensiones no solo permanecen en gran medida inexploradas, sino que son esenciales para humanizar el trabajo, afrontar los retos de las sociedades cada vez más complejas e interrelacionadas y buscar nuestra realización como seres humanos.

2. Un marco para comprender y cultivar mejor la inteligencia humana

Los humanos, a diferencia de otros animales, no sobrevivimos con una mera «programación» genética, sino que necesitamos forjar una fuerte simbiosis con los demás y, gracias a la inteligencia libre, crear culturas (véase, por ejemplo, Enquist, Ghirlanda y Lind 2023). Lo que nos define como seres humanos es nuestra inteligencia colectiva, cultural y relacional, desarrollada a lo largo de 200 000 años mediante interacciones con otros seres humanos y con la naturaleza.7 En cambio, el cientificismo, ideología predominante entre los científicos, parte de la base de que la inteligencia surge de la materia, y esta última es el concepto abstracto más básico de la tecnociencia. Tal supuesto se deriva de una concreción inapropiada: el cientificismo considera erróneamente la materia como algo primordial, concreto y fundacional y, por lo tanto, aborda la vida y la inteligencia como mecanismos replicables.8 En su afán por modelizar, reduce la inteligencia a un mero procesamiento de información, y por eso los profetas de la IA sueñan con un mundo de máquinas inteligentes que conquisten el universo entero (véase, por ejemplo, Tegmark 2017). Sin embargo, la vida y su inteligencia, que no son abstractas sino la más concreta e inmediata de las realidades, no pueden explicarse plenamente ni reducirse a modelos, ni a mecanismos capaces de automatizarlas (véase, por ejemplo, Bird 2003). Nos referimos a esta idea como la libertad de la realidad, en la que la inteligencia corporizada —que no la materia— es lo primordial y lo que nos hace humanos.9

2.1. Facultades constitutivas de la inteligencia humana: una mano creativa

A fin de comprender la riqueza y el potencial de la IH colectiva, proponemos considerar sus rasgos esenciales, resumidos en cinco facultades creativas constitutivas que ya se han presentado en Agustí-Cullell (2022): 1) interés por la realidad, 2) comunicación, 3) simbiosis subsidiaria, 4) investigación generalizada, y 5) libertad. Estas facultades creativas que constituyen la IH son tan interdependientes y están tan coordinadas entre sí como los dedos de una mano humana. Por lo tanto, se recurre a la imagen de una mano creativa para describirlas (esta conceptualización es un modelo que no pretende ser la única representación posible de la realidad, sino más bien inspirar nuevos debates e investigaciones sobre las facultades constitutivas de la IH). Veamos con detenimiento cada una de estas facultades:

  1. El interés por la realidad es el vector energético de la IH.10 Lo representamos con el dedo índice: el dedo de la atención, que señala las cosas importantes que motivan y orientan la acción. Este interés confiere a la IH una naturaleza sensible, emocional y evaluativa. Descubrir nuestro interés por la realidad, como parte de la comunidad de intereses de la sociedad, es como encontrar nuestra vocación en la vida y resulta fundamental para el desarrollo de la IH. En muchas sociedades este proceso se canaliza (o de modo ideal debería canalizarse) principalmente a través del trabajo. A su vez, un mundo del trabajo en el que prospere la IH exige basar la actividad laboral en un interés auténtico.

  2. La manifestación primaria de la comunicación es el habla y la representamos con el dedo corazón, el eje de la mano creativa, como mediador entre las facultades constitutivas.11 La comunicación nos libera del mecanismo básico de estímulo-respuesta de la vida animal. Entre el estímulo y la respuesta interponemos palabras cuya riqueza semántica abre el campo ilimitado de la imaginación humana. Esta facultad es creativa y metafórica: relaciona las expresiones significantes con la experiencia de un dominio y las traslada fácilmente a otros dominios. Por lo tanto, la IH es principalmente lingüística y crea y comparte significados a través de la comunicación. En cambio, la IA es incapaz de lograr tal hazaña: puede generar textos complejos basados en patrones antiguos mediante herramientas de IA generativa, como ChatGPT, pero ignora su significado y es incapaz de comprenderlo.

  3. La simbiosis subsidiaria se refiere a nuestra capacidad de cooperación y servicio mutuo, el poder creativo que emerge de nuestra naturaleza social, y la representamos con el dedo anular.12 En este sentido, la aspiración a la felicidad se considera un esfuerzo colectivo, no individual. Lo denominamos simbiosis subsidiaria porque encarna el principio de subsidiariedad13 y para subrayar que, en el presente, la cooperación necesita liberarse de las formas jerárquicas del pasado. La creatividad requiere que cada entidad humana (desde una sola persona o una pequeña comunidad hasta organizaciones internacionales) tenga el mayor grado de autonomía que pueda ejercer responsablemente en intradependencia con otras instituciones. La IH opera a través de todas estas intraacciones con los demás y con la naturaleza. Es simbiótica y, por lo tanto, entenderla como individualista es erróneo. Por su parte, los sistemas de IA tratan de maximizar su autonomía hasta el punto de la autarquía, un error básico que pasa por alto la naturaleza fundamental de la inteligencia, a saber, que se desarrolla a través de la comunicación y la cooperación.

  4. La investigación generalizada es el signo distintivo de la mutación del homo sapiens (que pretende saber) al homo quaerens (que indaga humilde y constantemente), un proceso esencial para aprovechar todo el potencial de la IH.14 La representamos con el dedo meñique porque ha sido en gran medida una de los últimas facultades creativas en desarrollarse (en el relato cultural de «Occidente» a partir del Renacimiento)15 y a menudo sigue restringida a determinadas especialidades, sobre todo tecnocientíficas. Cuestionar lo conocido para alcanzar un estado de aprendizaje y comprensión continuos, abriéndose a lo desconocido para crear, es la dinámica propia de la inteligencia. Esta importante dinámica de la IH requiere libertad, algo ajeno a los sistemas de IA, ya que estos solo pueden operar dentro de los límites de los datos preexistentes (es decir, basándose en el pasado). Esta actitud de investigación constante se ha vuelto necesaria, no solo en determinadas especialidades sino en cualquier actividad, y todos debemos practicarla si no queremos acabar superados por las máquinas, con las que no podemos competir en el procesamiento de la información.

  5. La libertad es la capacidad humana de identificar y superar cualquier elemento, interno o externo, que nos limite o constriña.16 Dada su importancia, la representamos con el pulgar, que sirve de apoyo a los demás dedos y les permite alcanzar todo su potencial. Esta facultad constitutiva fundamental de la IH puede liberarnos no solo de todo lo relativo al ego, que está constituido por deseos, expectativas y temores, sino también del apego a las emociones, los pensamientos y el conocimiento adquirido. Es la base de la verdadera creatividad, que permite innovaciones revolucionarias (por ejemplo, la mecánica cuántica en física, el sistema dodecafónico de composición musical o el cubismo en pintura). No debe confundirse la libertad con la capacidad de idear nuevas combinaciones de lo que ya existe, que es el punto fuerte de los sistemas de IA. La libertad es un requisito previo de la flexibilidad, de una actitud investigadora y de la correspondiente creatividad de la IH, un aspecto esencial en el contexto de nuestro tiempo y, en particular, en el mundo del trabajo. Esta libertad y la liberación que otorga son la higiene de la mente, a la que descargan del peso acumulado del pasado y del egocentrismo, permitiéndole redescubrirlo todo con una mirada nueva de un momento a otro.17

2.2. Dimensiones de la inteligencia humana

La forma en que se ejercen las facultades constitutivas de la inteligencia —el grado de intensidad y la prioridad de cada facultad sobre las demás— determina los distintos usos o dimensiones de la IH.18 A efectos analíticos (las distinciones son de carácter mental y no la realidad en sí misma), también nos basamos en la categorización esbozada anteriormente en Agustí-Cullell (2022), que distingue tres dimensiones principales. Las dos primeras se refieren a nuestras necesidades y la tercera a lo que nos libera como seres humanos.19 Cabe señalar que, al igual que las facultades constitutivas enumeradas anteriormente, estas dimensiones están entrelazadas y, por lo tanto, funcionan mejor cuando se equilibran sinérgicamente (lo que denominamos inteligencia armónica).

  1. La inteligencia funcional remite a una forma de inteligencia esencialmente instrumental y abstracta, característica de las tecnociencias. A fin de predecir y controlar los fenómenos y crear modelos tecnocientíficos de la realidad, este tipo de inteligencia excluye los elementos que no son mensurables, como las cualidades y los valores concretos. En el lugar de trabajo, la inteligencia funcional se centra en la manera de hacer las cosas, tratando los elementos de la realidad como medios para alcanzar un fin. Esta inteligencia es básica para el desarrollo de competencias y para la organización y optimización continuas de los procesos productivos con el fin de alcanzar los objetivos. Su interés por las cosas surge de la curiosidad. Este tipo de inteligencia se fundamenta en la libertad de separar al sujeto observador del objeto observado y no requiere una vinculación basada en valores, como la empatía. En consecuencia, puede servir por igual para curar el cáncer o para desarrollar la bomba atómica. La IA tiene como principal objetivo automatizar la inteligencia funcional. Sin embargo, al carecer de la curiosidad y la libertad humanas, su método consiste en analizar o reproducir las diferentes etapas de una tarea o proceso concreto (por ejemplo, creando funciones computables), o bien en procesar grandes cantidades de problemas resueltos (por ejemplo, entrenando redes neuronales).

  2. La inteligencia axiológica, interdependiente de la inteligencia funcional, es aquella a través de la cual los individuos atribuyen sentido y valor a las acciones. También nos conecta con las dimensiones estéticas y emocionales de la vida, que engloban la inteligencia emocional, artística y ética, entre otras. La ejercen, por ejemplo, tanto los artistas como los legisladores. Al crear valores, la inteligencia axiológica responde a la necesidad humana de sentido y orientación. A diferencia de la inteligencia funcional, que opera a través del razonamiento abstracto, la inteligencia axiológica opera a través del sentimiento y la intuición. Por ejemplo, frente a la codicia y la desigualdad, puede promover la generosidad o establecer un sistema de redistribución social; cuando se inspira en la belleza, crea arte.

    Como la inteligencia axiológica se incardina en valores y contravalores, tiende a ser más eficaz cuando se adopta voluntariamente sin imposiciones. En el mundo del trabajo, es esta inteligencia la que otorga sentido, al establecer, por ejemplo, vínculos entre los trabajadores y los valores, la finalidad o la misión de la empresa u organización. Al ser una forma de inteligencia relacional que se nutre de la conexión humana, su cultivo es esencial para permitir un trabajo en equipo simbiótico. También actúa como salvaguardia contra la tendencia de la inteligencia funcional a mercantilizar el trabajo y a tratar a los trabajadores como meros recursos. La inteligencia axiológica pone de relieve la importancia de un enfoque del trabajo centrado en las personas, pues es la dimensión de la inteligencia que más sintoniza con las necesidades humanas.

    Una sinergia equilibrada entre la inteligencia axiológica y la inteligencia funcional constituye lo que denominamos inteligencia de la necesidad, es decir, aquella inteligencia que aborda y modeliza la realidad con el fin de satisfacer los intereses y necesidades humanos, y que depende en gran medida de nuestras interacciones con otros organismos y con el entorno. La inteligencia axiológica se centra en lo que se necesita y la inteligencia funcional en cómo conseguirlo; pero, si estas dos formas de inteligencia están desequilibradas, la inteligencia de la necesidad degenera. Por ejemplo, cuando la inteligencia se mueve únicamente por el propio interés individual o colectivo, se convierte en inteligencia de la codicia. En el ámbito laboral, estos desequilibrios pueden reflejarse en una cultura del lugar de trabajo que prioriza los resultados y la productividad sobre cualquier otra consideración.

  3. Existe una tercera dimensión contemplativa de la inteligencia, denominada inteligencia liberadora, que es inseparable de la inteligencia de la necesidad (la sinergia de las inteligencias funcional y axiológica). Esta dimensión nos permite comprender que los modelos funcionales y axiológicos se vinculan, en última instancia, a nuestras necesidades contingentes como seres humanos. Se trata de una forma de inteligencia sutil, pero poderosa, que nos permite distanciarnos de esas necesidades y nos libera de toda conceptualización o experiencia particular de la realidad. Es la fuente de nuestra libertad creativa, que constituye la facultad distintiva de la IH y permite que otras formas de inteligencia alcancen su máximo potencial. Esta dimensión nos recuerda que la inteligencia es, en el fondo, tan indomable como nuestra libertad y creatividad. En el lugar de trabajo, esta forma de inteligencia nos permite superar una concepción puramente egocéntrica de la IH, fomentando —en sinergia con la inteligencia axiológica— la cooperación y el trabajo en equipo. Además, la inteligencia liberadora en el trabajo es lo que nos permite distanciarnos de las prácticas rutinarias, cuestionar los procesos, normas y métodos de organización establecidos, buscar nuevas formas de abordar los retos y, en definitiva, fomentar la creatividad y la innovación.20

3. El trabajo como ámbito en el que se forja el futuro de la inteligencia humana

En este artículo, por trabajo se entiende la dimensión humana de cualquier actividad económica o la participación humana en esa actividad.21 Según el relato histórico generalmente aceptado, desde el comienzo de la era moderna, el trabajo —que antes se consideraba a veces una forma de castigo— empezó a presentarse como un medio de realización humana. Así surgió el concepto de trabajo creativo.22 Sin embargo, el valor que el capitalismo y el imperialismo otorgan a la productividad y al consumo, entendidos como la base sobre la que se asienta el bienestar, trajo consigo un cultivo generalizado de la inteligencia programada en detrimento de la creatividad, que se reservó en gran medida a una minoría privilegiada (como científicos, ingenieros y artistas) (véase, por ejemplo, Thompson 2010). Además, la inteligencia en el trabajo, incluso en su forma creativa, suele percibirse (de forma errónea) como una actividad puramente individual e instrumental o funcional (es decir, la visión de la inteligencia adoptada por las tecnociencias).23

En consecuencia, el trabajo hoy consiste fundamentalmente en dotar la inteligencia programada de los individuos de competencias específicas para resolver problemas conocidos o alcanzar objetivos predefinidos, dentro de estructuras jerárquicas cuyos objetivos primordiales son el crecimiento, la productividad y el beneficio monetario. En este contexto se desatienden las dimensiones creativa y axiológica de la IH salvo cuando resulta demasiado evidente que son necesarias, como en los casos de fallos sintomáticos derivados de una falta de inteligencia armónica, por ejemplo, escándalos éticos en el ámbito corporativo (véase, por ejemplo, Fombrun y Foss 2004). Si el trabajo y la inteligencia humanos se limitan a tareas instrumentales programadas, los sistemas de IA se convierten en formidables competidores, no solo hasta el punto de relegar a los humanos sino también de subordinarlos a máquinas inteligentes, como los algoritmos, cuando debería ser al revés (véase, por ejemplo, Aloisi y De Stefano 2022). Se incurre así en el riesgo de mercantilizar y deshumanizar aún más el trabajo.

El afán de humanizar el trabajo no es nuevo. Ha surgido a menudo como respuesta a las transformaciones tecnocientíficas o socioeconómicas que afectan al mundo del trabajo. Este sentimiento se refleja en el preámbulo de la Constitución de la OIT de 1919, por la que se establece la Organización tras la revolución industrial, y se reafirma en la Declaración del Centenario de la OIT para el Futuro del Trabajo, de 2019, que aboga por un «enfoque del futuro del trabajo centrado en las personas». El auge de la IA subraya aún más la necesidad de mantener ese enfoque, cultivando además una inteligencia armónica. De otro modo, ante la incapacidad de competir con los sistemas artificiales en el campo de la inteligencia funcional programada, los humanos quedarán relegados a un rango secundario, percibidos como máquinas biológicas menos efectivas. El mundo actual, en rápida evolución, demanda además una constante adaptabilidad para afrontar nuevos retos (véase, por ejemplo, McGowan y Shipley 2020), lo que requiere aprovechar los demás aspectos de la IH, a menudo olvidados, que se examinan en este artículo.

Tal adaptabilidad exige una inteligencia armónica muy cultivada, sobre todo en sus dimensiones creativa y liberadora.24 Ese objetivo no está al alcance de la IA, que solo es capaz de hacer proyecciones a partir de datos pasados: puede competir con la inteligencia programada, pero difícilmente igualará a la inteligencia creativa o axiológica. Por ejemplo, aunque la IA puede ser muy buena para gestionar y pronosticar las necesidades productivas logísticas basándose en patrones de consumo anteriores, no puede aportar innovaciones, como cambios de paradigma en el lugar de trabajo, ni evitar problemas éticos derivados de prácticas rutinarias. Para que podamos recobrar nuestro potencial como seres humanos y hacer frente a los retos del mundo actual, el trabajo debe abarcar ciertas dimensiones de la inteligencia olvidadas desde hace tiempo, en concreto, las dimensiones axiológica y creativa o liberadora, propiciando su despliegue colectivo. De lo contrario, si seguimos funcionando únicamente como inteligencias individuales programadas dentro del mercado, nos exponemos a sumirnos aún más en una vulnerabilidad precaria.25

4. Limitaciones de la IA que suelen pasar inadvertidas

Una mirada más atenta a la IH, en el sentido descrito en este artículo, pone de manifiesto ciertas limitaciones de los sistemas de IA, más allá de su evidente capacidad (y utilidad). Aunque en este artículo no pretendemos analizar de manera exhaustiva esas limitaciones, a título ilustrativo señalamos algunos aspectos o puntos ciegos de la IA que se corresponden con ámbitos clave de la IH esenciales para el mundo del trabajo, en consonancia con las tres dimensiones esbozadas anteriormente.

4.1. Enfoque reduccionista de la IA limitado a la inteligencia funcional en el trabajo

Al igual que otras tecnociencias, la IA se centra en la inteligencia funcional orientada a objetivos y suele tratar otras formas de inteligencia —por ejemplo, la inteligencia axiológica creadora de valor— como meramente funcionales. Así, cuando los programadores intentan integrar consideraciones de valor en las operaciones de las máquinas, como los protocolos de la llamada «IA beneficiosa» basados en el principio de «no causar daño» (véase, por ejemplo, Russell 2021), se inspiran en experiencias pasadas. Sin embargo, la IA carece de la capacidad para adaptar los valores a situaciones imprevistas o para crear nuevos valores cuando es necesario, habilidades que constituyen la esencia de la IH axiológica y que cobran una importancia vital en un mundo del trabajo en constante evolución, con desafíos éticos cada vez más complejos (véase, por ejemplo, LaMontagne 2016).

Esta operación funcional pone de manifiesto los puntos ciegos de la IA y sus peligros inherentes, dado que se limita a abordar el «cómo» de los procesos y solo permite controlar fenómenos basados principalmente en grandes cantidades de datos. La IA generalmente identifica la estructura lógica de la resolución de problemas o entrena «redes neuronales» artificiales utilizando millones de casos resueltos (por ejemplo, aplicaciones de correo electrónico que identifican el correo no deseado, herramientas de reconocimiento de imágenes o, más recientemente, herramientas de IA generativa, como ChatGPT, Gemini de Google, Copilot y DeepSeek de Microsoft). Este sistema presenta algunas deficiencias. Por ejemplo, las herramientas de IA generativa como ChatGPT no pueden explicar de qué modo han llegado a formular una respuesta, lo que dificulta la corrección de errores que no logran detectar. En un sentido más general, las herramientas de IA no son capaces de reconocer cuándo las normas o procedimientos existentes resultan inadecuados o irrelevantes para un contexto concreto. ¿Es esto inteligencia?26

4.2. Incapacidad de la IA para replicar la inteligencia axiológica

Por otro lado, la IA es incapaz de replicar los elementos básicos de la IH, cuya importancia para la interacción social, incluida la implicación significativa en el ámbito del trabajo, nunca está de más recordar. Entre esos elementos figuran el sentido común, el juicio ético y la inteligencia emocional, que se manifiestan en aspectos como la solidaridad, la compasión y otras emociones que incitan a actuar. Desde la introducción del test de Turing, los defensores de la IA acarician la idea de que las máquinas puedan engañar a los humanos haciéndoles creer que interactúan con otros humanos.27 Sin embargo, otros expertos más críticos de diversas disciplinas cuestionan la posibilidad de replicar verdaderamente esos rasgos esenciales de la IH, que van más allá de los aspectos programables de la inteligencia funcional (véase, por ejemplo, López de Mántaras i Badia 2023; Shams, Zowghi y Bano 2025; Chursinova y Stebelska 2021; Braga y Logan 2017). Esta dimensión de la IH, que calificamos como axiológica en sentido amplio, desempeña una función fundamental en el mundo del trabajo. No solo es esencial para comprender lo que origina la motivación en el lugar de trabajo y para afianzar la implicación de los trabajadores, sino que permite la creación y continua adaptación de sistemas de valores capaces de orientar y dar sentido a las empresas, facilitando su adecuación a los valores de la sociedad en la que operan.

4.3. Creatividad limitada e incapacidad de la IA para replicar la inteligencia liberadora

Por último, conviene recalcar que la IA solo ofrece formas limitadas (y a menudo exageradas) de «creatividad», principalmente de carácter combinatorio, al establecer nuevas conexiones entre los datos que ha acumulado, como la introducción de nuevas estrategias para poder ganar en un juego determinado. Por ejemplo, en el ámbito de la música puede producir una canción «nueva» que guste a la gente, basándose en patrones de composición populares del pasado. Sin embargo, no puede reproducir la libre creatividad necesaria para llegar a un avance musical, como el sistema dodecafónico. Este nivel de creatividad no es susceptible de modelización, pues surge de la libertad, que no puede predecirse ni explicarse enteramente. En cambio, es a través de esta dimensión libre y creativa como se ha desarrollado la IH, un aspecto al que no se ha prestado suficiente atención.28 Sin embargo, no queremos restar importancia al papel que la IA puede desempeñar en el proceso creativo. Por ejemplo, puede determinar rápidamente si algo ya se ha hecho o se ha intentado, proporcionar ejemplos de enfoques anteriores, o sugerir nuevas tácticas para avanzar hacia determinados objetivos, pero su contribución es meramente instrumental. Además, resulta más eficaz cuando se utiliza en sinergia con las capacidades creativas de la IH.

***

En resumen, la dimensión funcional de la IH, proyectada en los logros tecnocientíficos, ha eclipsado progresivamente otras dimensiones. En el ámbito del trabajo, el enfoque orientado a los resultados ha llevado a considerar que el empleo sirve fundamentalmente para ejecutar tareas programadas. Sin embargo, el rendimiento de la IA en ese plano funcional suele ser superior al de la IH. Este hecho debe llevarnos a reequilibrar y reforzar la armonía entre la inteligencia de la necesidad y la inteligencia liberadora. Esta armonía es la sabiduría que necesitamos para recobrar el potencial de la IH. Las políticas laborales y del mercado de trabajo deberían incorporar esta idea, no solo para velar por la continuidad de la relevancia humana, sino también para fomentar su plena realización, mediante empleos de calidad que contribuyan al desarrollo de la IH personal y colectiva.29

5. Recobrar el potencial de la inteligencia humana mediante la humanización del trabajo y el uso de la IA como herramienta a nuestro servicio

¿Cómo puede el trabajo proporcionar un espacio que permita liberar todo el potencial de la IH y sus facultades creativas? En este apartado se esbozan, sin pretensión de exhaustividad, algunas recomendaciones exploratorias generales para promover la IH y su sinergia con la IA. Deben entenderse como propuestas interdependientes que se complementan entre sí, y su aplicación debe tener en cuenta los obstáculos que podrían interponerse en el camino, a menudo en forma de patrones rutinarios bien arraigados. Las cinco primeras recomendaciones se corresponden con los cinco elementos constitutivos de la IH analizados en el apartado 2.1, que se centran en aspectos de especial interés para el mundo del trabajo. El objetivo de su aplicación no sería solo mejorar el rendimiento, sino también recompensar a los trabajadores mediante la implicación y el desarrollo de la IH, infundiendo más sentido al trabajo.

A fin de ilustrar cómo poner en práctica estas recomendaciones, apuntamos algunos ejemplos de estrategias y medidas asociadas a la primera recomendación. Sin embargo, para evitar los riesgos típicos de los enfoques universales, las restantes recomendaciones se presentan como directrices generales. De este modo, se trata de dejar claro que las medidas y estrategias concretas deberán adaptarse a la naturaleza específica de los sectores o actividades económicas y a su evolución, analizando los aspectos afectados por la IA. Aunque no es posible ofrecer aquí un marco completo de transformación institucional, las recomendaciones ponen de relieve una multiplicidad de enfoques que pueden ser complementarios, y que engloban desde la adaptación de los mecanismos e instrumentos existentes, como las políticas nacionales de empleo u otros mecanismos nacionales o internacionales (por ejemplo, las normas del trabajo, los mecanismos de incentivos fiscales y la negociación colectiva de ámbito nacional, regional o mundial), hasta otras fórmulas más novedosas que se proponen a continuación, como una nueva figura profesional que supervise la interacción entre la IA y la IH en el trabajo y formule recomendaciones al respecto.

5.1 Vincular el trabajo con un interés auténtico

El trabajo se percibe a menudo como una obligación derivada de la necesidad de supervivencia, y no como el ámbito en el que se cultivan nuestros intereses comunes. Para que el trabajo promueva un desarrollo más sano de la IH, debe estar motivado por nuestros intereses, valores y metas colectivos, y profundamente vinculado a ellos. Un obstáculo para este empeño surge de la falta de interés auténtico por el trabajo, en el sentido de que el empleo se considera una obligación motivada por una causa extrínseca como la supervivencia o el salario. A fin de aprovechar el potencial de la IH, es fundamental fomentar el interés y, por lo tanto, la implicación en el trabajo.30 La aplicación de esta amplia recomendación debe abordarse desde diversos ángulos, que se refieren a distintos aspectos del trabajo.31 Por lo que atañe al impacto, una mayor sintonía entre el trabajo y un interés auténtico no solo contribuiría positivamente a combatir la alienación, sino que también mejoraría la productividad, al optimizar los procesos relacionados con el trabajo y al estimular el pleno desarrollo de la IH en el ámbito laboral, así como sus sinergias con la IA. A este respecto, las herramientas que ofrece la IA deben centrarse primero en identificar y después en automatizar las tareas programadas y rutinarias, con el objetivo de que los trabajadores puedan centrarse en aspectos más interesantes y complejos, aquellos que les permiten aprovechar la IH de forma más extensa (por ejemplo, hacer frente a situaciones imprevistas, mejorar los procesos existentes e idear otros nuevos).32 Así pues, el interés auténtico podría integrarse en los principios de gobernanza del binomio IH-IA en el lugar de trabajo (y en los algoritmos conexos) como uno de los criterios rectores para identificar las tareas destinadas a la IA y los ámbitos del trabajo a los que debería dedicarse la IH. La IA también podría ser útil para facilitar la alineación de intereses, por ejemplo, diseñando algoritmos útiles en los procesos de identificación de las ocupaciones y las necesidades que mejor se adapten a las competencias, caracteres e intereses de los trabajadores. Ahora bien —y esta es una advertencia importante—, es imprescindible mantener la supervisión humana sobre el resultado. Si bien la investigación en este campo tiende a centrarse en el aprendizaje automático y en la adecuación a la demanda del mercado de trabajo (véase, por ejemplo, Mühlbauer y Weber 2022), la IA y los mecanismos tecnocientíficos conexos tienen un mayor potencial como herramientas de orientación profesional (véase, por ejemplo, Bülbül y Ünsal 2010).

5.2. El trabajo como espacio que promueve una comunicación significativa y eficaz

No se puede subestimar la importancia de la comunicación en los procesos laborales. Al fin y al cabo, todo lugar de trabajo es esencialmente el resultado de diversas interacciones (véase, por ejemplo, Mikkola y Valo 2019). El trabajo necesita desarrollar constantemente medios eficientes y eficaces de comunicación e intercambio de conocimientos, que permitan coordinar los esfuerzos y, por lo tanto, desarrollar la inteligencia colectiva. Un lugar de trabajo saludable promueve la comunicación para crear intereses comunes y un sentimiento de comunidad o adhesión que, a su vez, fomentan dinámicas simbióticas.33 La comunicación que promueve la IH en el trabajo puede verse obstaculizada por una competencia feroz y por recompensas puramente individuales, por una comunicación deshonesta o poco ética (por ejemplo, la ocultación de información), por la compartimentación o la dinámica de silos, y por el miedo a hablar o a cuestionar la cultura existente o una dinámica institucional arraigada. La IA también podría desempeñar un papel de apoyo en este ámbito comunicativo, por ejemplo, ayudando a los equipos a identificar las estrategias de comunicación y las mejores prácticas existentes como punto de partida para adaptarlas, de forma creativa a través de la IH, a las necesidades específicas del equipo.34

5.3. Organización del trabajo como redes de equipos en simbiosis subsidiaria

La idea de que el liderazgo individual resuelve los problemas es un mito cultural, ya que la inteligencia siempre se desarrolla a través de una interacción colectiva simbiótica. Un lugar de trabajo solo puede ser eficiente si muestra flexibilidad en cuanto a la determinación del nivel jerárquico más adecuado para la toma de decisiones y otras tareas. En definitiva, las decisiones y las tareas que pueden recaer responsablemente sobre un nivel inferior, más cercano a la realidad o a la problemática de que se trate, no deben ser asumidas por escalones superiores de la organización.35 Un lugar de trabajo eficiente también necesita establecer mecanismos eficaces de coordinación sinérgica. La simbiosis subsidiaria en el trabajo se basa en el desarrollo de las demás facultades constitutivas de la IH, en particular la comunicación abierta y los intereses compartidos. Entre los obstáculos que pueden entorpecer esta simbiosis subsidiaria cabe mencionar las estructuras jerárquicas en las que todo lo decide y lo aprueba el jefe, o la compartimentación de unidades con intereses divergentes, incapaces de trascender sus responsabilidades específicas en aras de valores y objetivos comunes. La IA también puede desempeñar un papel auxiliar en la reorganización del trabajo a través de redes de simbiosis subsidiarias, por ejemplo, recopilando las mejores prácticas para facilitar la aplicación del principio de subsidiariedad y ayudando a identificar el nivel decisorio más eficaz.36

5.4. Una cultura de trabajo que fomenta la investigación y la indagación constantes

Por muy sencilla que parezca una tarea, siempre es posible indagar y abrir nuevas posibilidades creativas, incluso para determinar las tareas programadas que pueden asignarse a la IA. En una economía como la actual, y en un mundo del trabajo en constante evolución, es crucial despertar en todos los trabajadores una mentalidad investigadora (hasta ahora reservada a unos pocos especialistas). Se trata de una actitud que fomenta el aprendizaje continuo y el ejercicio de la flexibilidad mental y otras capacidades intelectuales necesarias para dar respuesta a retos imprevistos. Una investigación fructífera requiere cultivar las demás capacidades constitutivas de la IH, en particular el trabajo en equipo (el investigador individual es un mito) y la libertad (distanciamiento de los hechos y prácticas ya conocidos). Un importante obstáculo para la práctica de la investigación y la innovación en el trabajo diario es el miedo al fracaso, un sentimiento muy presente en muchas culturas empresariales, ajenas al hecho de que el progreso científico se ha logrado tras una sucesión de ensayos y (muchos) errores. De nuevo, la IA es perfectamente adecuada para desempeñar un papel de apoyo en este ámbito, no solo realizando predicciones sobre la forma de desarrollar nuevos enfoques, sino también automatizando y asumiendo progresivamente las tareas programadas, lo que permite a la IH centrarse en la formación y la investigación continuas.37

5.5. Fomento de la creatividad, la libertad y el bienestar en el trabajo

La auténtica creatividad solo puede prosperar en un entorno que fomente la libertad. Esta libertad exige desprenderse de los conocimientos, emociones y creencias del pasado y permite la cooperación incluso en caso de desacuerdo, poniendo en perspectiva el motivo de la discrepancia. Esto no equivale a una falta de responsabilidad o de rendición de cuentas, sino que denota una total adhesión a unos valores que exigen aventurarse fuera del entorno seguro de los planteamientos y prácticas existentes. La IA puede proporcionar amplia información sobre esto último, mientras que la IH es esencial para vislumbrar nuevas posibilidades y experimentar mediante la indagación y la creatividad.

Un obstáculo importante a la libertad en el trabajo es el predominio de intereses egoístas y cortoplacistas o la obsesión miope por los resultados inmediatos. Además de libertad, la inteligencia creativa requiere equilibrio. Promover esta forma de inteligencia puede ayudar a contrarrestar los efectos tóxicos del trabajo guiado únicamente por la inteligencia funcional o instrumental de la necesidad, que se refleja en la competencia individualista y la obsesión por el rendimiento, una de las causas del burnout o desgaste laboral. El aprendizaje automático puede contribuir a este proceso, por ejemplo, recopilando las mejores prácticas. Bien utilizada, la IA no solo puede informarnos de lo que se ha hecho, sino también alentar a la IH a ir más allá.38 Además, las evaluaciones del rendimiento deberían rediseñarse para fomentar la creatividad en el trabajo.

***

Una vez expuestas las recomendaciones encaminadas a cultivar las facultades constitutivas de la IH en el lugar de trabajo, pasamos a sugerir cuatro vías adicionales para promover la IH en el trabajo y responder a la presencia cada vez más dominante de la IA. El objetivo de estas cuatro recomendaciones generales es inspirar nuevas investigaciones e innovaciones. Se refieren a los siguientes aspectos: i) las implicaciones para los sistemas de incentivos existentes y las inercias culturales en el trabajo; ii) la concepción de la IA como complemento de las virtudes de la IH; iii) el desarrollo de nuevas funciones profesionales, que denominamos mediadores IH-IA, para facilitar esta transformación; y iv) las posibilidades que ofrece la cooperación internacional para llevar adelante este programa.

5.6. Replanteamiento de los sistemas de incentivos y las inercias culturales en el trabajo

Al aplicar las recomendaciones anteriores, los actores del mercado laboral deben evaluar críticamente ciertas prácticas culturales arraigadas, como la priorización de la inteligencia instrumental y la productividad, o la búsqueda del beneficio económico por encima de todo, que pueden entorpecer el pleno desarrollo de la IH. Por ejemplo, es preciso reevaluar las estructuras retributivas existentes, incluidas las escalas salariales, y, en su caso, desvincularlas de la productividad basada en los resultados. La productividad y los resultados deben estar al servicio de la creatividad y la innovación, y no a la inversa. La obsesión por los resultados y la productividad, característica del pensamiento económico prevalente orientado al crecimiento, no solo genera graves problemas estructurales, como nefastas crisis ambientales, sino que también cercena el verdadero potencial de la IH. Este problema, ya señalado por numerosos investigadores científicos,39 se refleja en dinámicas de trabajo poco saludables que causan alienación en el trabajo y patologías como el burnout.40 Para remediarlo, es necesario transformar la mentalidad orientada a los resultados y reorientar los incentivos hacia el desarrollo de aspectos no reconocidos de la IH, como el distanciamiento o la inteligencia emocional, que son muy relevantes cuando se trata de fomentar la creatividad y de optimizar la colaboración.41

5.7. La IA al servicio del desarrollo de la IH en el lugar de trabajo

La IA puede ser un apoyo o un trastorno para la IH. Como hemos sostenido a lo largo de este artículo, la IA debe acotarse de forma inteligente y tratarse como un aliado de la IH en el mundo del trabajo, aprovechando al máximo las herramientas que ofrece (por ejemplo, para ejecutar tareas programadas) y evitando al mismo tiempo sus escollos (por ejemplo, sucumbir ante la frialdad de las llamadas decisiones algorítmicas). La IA puede ser muy útil para todo tipo de tareas, en particular para el procesamiento de datos y la continua actualización u optimización de los procedimientos. Al mismo tiempo, estudios recientes advierten sobre los posibles impactos negativos del uso de la IA en las capacidades cognitivas de las personas (véase, por ejemplo, Kosmyna et al. 2025). La clave está en comprender la complementariedad, que no rivalidad, entre la IA y la IH. Por ejemplo, los diseñadores pueden utilizar la IA para recopilar miles de planos existentes en cuestión de segundos y, a continuación, recurrir a la IH creativa para proponer un nuevo planteamiento que supere las tendencias del pasado. Se hace necesaria una interacción o mediación consciente entre la IA y la IH, incluso desde una perspectiva axiológica o ética, con el fin de garantizar un enfoque del trabajo centrado en las personas. Esta mediación, al igual que la determinación de las funciones adecuadas para la IA, no puede someterse a la lógica económica cortoplacista o a las dinámicas del mercado,42 sino que debe enraizarse en estructuras de gobernanza democráticas.43

5.8. Mediadores profesionales IA-IH

El enfoque sinérgico propuesto para promover la IH a través del trabajo abre la puerta a nuevas profesiones. Cabe destacar entre ellas la que denominamos provisionalmente «mediadores IA-IH», por su relevancia para una interacción consciente y ética entre la IA y la IH. Estos profesionales deberían estar familiarizados con la IA y con las dimensiones a menudo olvidadas de la IH, como la inteligencia axiológica, que sustenta la toma de decisiones éticas. En cualquier empresa o institución, se encargarían de supervisar las mejores prácticas en la relación entre IA e IH, identificarían las oportunidades de optimizar el uso de las herramientas de IA evitando patrones deshumanizantes, y formularían recomendaciones pertinentes para garantizar que la IH se cultive adecuadamente y que ambas formas de «inteligencia» actúen en sinergia.44 A este respecto, reiteramos que no es posible diseñar sistemas de IA autónomos provistos de plenas capacidades axiológicas, ya que su limitada autonomía debe ser objeto de supervisión y ajustes. Por ejemplo, como ya se ha señalado, la denominada IA ética, que trata de dotar a los modelos computacionales de capacidades éticas, puede incorporar consideraciones pasadas y proporcionar un apoyo inestimable a los mediadores de inteligencia que recopilan decisiones anteriores y enseñanzas adquiridas. Sin embargo, carece de competencias para abordar retos imprevistos, ya que la inteligencia axiológica no puede reducirse a razonar sobre reglas o fórmulas computacionales. Por lo tanto, es necesaria la intervención de la IH, que requiere mediadores profesionales con conocimientos axiológicos avanzados. Estos profesionales contribuirían al nuevo e importante campo de la ética de la IA centrada en el ser humano45 y podrían actuar como guardianes, velando por que la IA complemente y apoye el desarrollo de la IH.46

5.9. Coordinación internacional

En la economía mundial de hoy, sumamente interdependiente, la coordinación internacional es indispensable para transformar a escala mundial el modo en que se promueve la IH en el lugar de trabajo. Entre los numerosos foros multilaterales que pueden contribuir positivamente a este esfuerzo,47 con fines ilustrativos destacamos la posición de la OIT como principal organismo normativo internacional para el mundo del trabajo. Con su mandato de promover la justicia social y un enfoque del trabajo centrado en las personas, la OIT constituye el foro internacional más adecuado para mediar en la relación entre la IA y la IH. Conforme a lo dispuesto en la parte II, d) de su Declaración de Filadelfia, incumbe a la OIT servir de guía axiológica de la economía mundial. La OIT cuenta con un poder de convocatoria técnica, que ejerce a través de sus reuniones internacionales de partes interesadas y expertos y de sus mecanismos normativos,48 para abordar las nuevas tendencias y retos y formular recomendaciones concretas, también con respecto a la interacción entre la IA y la IH en el trabajo. Su estructura tripartita, que engloba a las organizaciones de empleadores y de trabajadores, proporciona a la OIT un vínculo integrado con la economía y sus partes interesadas, incluso en calidad de convocante sectorial. De este modo, la OIT podría promover debates y la adopción de enfoques sectoriales pertinentes con el fin de aprovechar al máximo la IA, pero fomentando al mismo tiempo el desarrollo de la IH. De los debates podrían surgir, por ejemplo, repertorios de recomendaciones prácticas en materia de IA-IH para distintos sectores o formas de trabajo. En esos foros también se podría discutir la posibilidad y la manera de utilizar los instrumentos existentes de la OIT (o de elaborar nuevas normas) para apoyar una interacción sinérgica entre ambas formas de inteligencia en el contexto laboral. Por ejemplo, el llamamiento a una política de empleo productivo en el marco del Convenio sobre la política del empleo, 1964 (núm. 122), si se interpreta a la luz de la Constitución y la Declaración del Centenario de la OIT, puede abarcar la promoción de la IH. Desde su creación hace más de un siglo, la OIT afirma que el trabajo no es una mercancía. La defensa de una visión más amplia y humanizante del trabajo, que trate de superar su mercantilización, debe estar estrechamente vinculada a la promoción de una IH equilibrada, creativa y colectiva en el lugar de trabajo. Esta visión podría representar el futuro del trabajo humano.49

6. Propuesta de futuro: más investigaciones sobre la IH y acción en el trabajo

En este artículo se han bosquejado un marco y unas recomendaciones en respuesta a los retos y oportunidades que plantea la IA en el mundo del trabajo, con un enfoque que promueve el desarrollo de la IH, entendida como agente de la vida humana. Se aboga también por replantear las actuales líneas de investigación y por realizar más estudios interdisciplinares en consonancia con los argumentos aquí expuestos. A continuación se enuncian algunos ejemplos de este tipo de investigación: estudios de psicología social sobre la dinámica del trabajo, centrados en la inteligencia axiológica y la alineación de los valores con el rendimiento laboral; estudios neurocientíficos sobre las variables que estimulan el funcionamiento de la inteligencia liberadora en el lugar de trabajo, posibilitando la adaptación a nuevos retos, demandas o cambios en los paradigmas de las organizaciones; y estudios interdisciplinares que abarquen campos tan diversos como la psicología, la economía, la sociología o la antropología, con el objeto de evaluar y desarrollar las hipótesis y los argumentos expuestos en el apartado 5, y en particular para comprender mejor la IH y sus facultades o capacidades, aplicaciones prácticas e impacto potencial en el mundo del trabajo. Conviene reconocer que, como sucede con cualquier mapa de la realidad, también es posible explorar otras categorizaciones. Este artículo trata de evitar la falacia de la concreción inapropiada, es decir, caer en un apego excesivo a un determinado marco, como ocurre en el caso de algunos entusiastas de la IA cuando adoptan un modelo reductivo de la IH, ajenos al hecho de que la realidad invalida todo intento de aprehenderla en esbozos esquemáticos. Lo que este artículo trata de trasladar, más allá de los clichés, es un mensaje sencillo pero poderoso: un enfoque de la IA centrado en el ser humano debe mostrar cuán limitada —y limitante— suele ser la concepción de la IH en los sistemas de IA, y hasta qué punto se está desatendiendo la IH.

El mundo del trabajo, al que afectan particularmente las transformaciones inducidas por la IA, debe considerarse uno de los principales ámbitos en los que se forja el futuro de nuestra inteligencia. El célebre llamamiento a la educación y formación continuas en el lugar de trabajo debe entenderse no solo como la adquisición de conocimientos y competencias, sino en un sentido más general, que abarca el desarrollo continuo de la IH en todas sus facultades y dimensiones constitutivas. Lejos de equiparar (erróneamente) a los seres humanos con inteligencias programables que las máquinas algún día llegarán a superar, hemos de comprender la IH en toda su complejidad y riqueza —no como un mero corpus de conocimientos, sino como el núcleo de la agencia humana— y tomar medidas decisivas para cultivarla mejor en el trabajo, inspirándonos en los frutos de la investigación. Así pues, ante esta coyuntura histórica debemos centrar nuestra atención en redescubrir todo el potencial de la IH, poniendo la IA a su servicio, para dar mayor sentido a la actividad laboral y humanizar más el trabajo.

Notes

  1. Por tecnociencia se entiende la imbricación de ciencia, tecnología, economía y sus productos y servicios (véase, por ejemplo, Adas 1989).
  2. Si bien la IA, como sistema sociotecnológico, puede resultar difícil de entender debido a su complejidad y variedad, se vuelve más sencilla si se aborda desde las formas en que opera la inteligencia, como se hace en este artículo.
  3. Desde el mundo académico se advierte desde hace tiempo la falacia de la concreción inapropiada (véase, por ejemplo, Whitehead 1925), que consiste en confundir una creencia, opinión o concepto abstracto acerca de cómo son las cosas con una realidad física concreta.
  4. Este artículo no tiene por objeto el impacto específico de la IA en el mercado de trabajo, sino que se remite a estudios recientes sobre esa cuestión. Las perspectivas descritas en la bibliografía no siempre son aciagas; por ejemplo, Hatzius et al. (2023) consideran que, «aunque es probable que el impacto de la IA en el mercado de trabajo sea significativo, la mayoría de los empleos y sectores solo están parcialmente expuestos a la automatización y, por lo tanto, lo más probable es que la IA los complemente en lugar de sustituirlos» (pág. 9), y Gmyrek, Berg y Bescond (2023) concluyen que, «en el ámbito del trabajo, la IA generativa no es ni intrínsecamente buena ni mala, y que su impacto socioeconómico dependerá en gran medida de cómo se gestione su difusión. Las cuestiones relativas al equilibrio de poder, la voz de los trabajadores afectados por los ajustes del mercado laboral, el respeto de las normas y derechos existentes y el uso adecuado de los sistemas nacionales de protección social y de formación profesional serán, pues, elementos cruciales para gestionar el despliegue de la IA en el lugar de trabajo» (pág. 44). Sin embargo, los citados estudios no se centran en el potencial desaprovechado de la IH, que es el tema de este artículo.
  5. Respecto de la necesidad de adoptar un pensamiento moderno sobre la inteligencia en el lugar de trabajo, véase, por ejemplo, Scherbaum y Goldstein (2015).
  6. Sobre los usos de la IA como instrumento para reforzar la autocracia, véase, por ejemplo, Kendall-Taylor, Frantz y Wright (2020). Sin embargo, la advertencia de este artículo se centra más en la omnipresente e insidiosa pérdida de control de nuestras vidas, en un mundo automatizado en el que las actividades programadas de la IH pueden ser constantemente objeto de vigilancia y predicción.
  7. Este es un recordatorio importante para cuestionar la idea prevalente de que la inteligencia es un atributo individual. Véase, por ejemplo, Corbí (2013).
  8. Véase la nota 3.
  9. Puede consultarse un debate más extenso sobre la libertad de la realidad y la naturaleza primordial de la inteligencia corporizada en Agustí-Cullell (2021).
  10. Véanse, por ejemplo, Lohman (1989) y Renninger y Su (2019), dos extensos estudios sobre cómo el interés y la motivación influyen en las capacidades cognitivas y su desarrollo.
  11. Sobre la importancia de la comunicación para el desarrollo de la IH, véase, por ejemplo, Sfard (2008).
  12. Sobre la función de la simbiosis y el crecimiento cognitivo, incluida la interacción entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial, véase, por ejemplo, Sun (2020).
  13. Subsidiariedad entendida como el principio de organización social y política que sostiene que los asuntos deben tratarse en el nivel más bajo o inmediato en el que puedan abordarse adecuadamente.
  14. Sobre la importancia de la investigación para el desarrollo de la inteligencia —con especial atención a cómo la IA puede contribuir a este proceso— véase, por ejemplo, Chubb, Cowling y Reed (2022).
  15. Sobre la revolución científica del Renacimiento, véase, por ejemplo, Hall (1994).
  16. Sobre la contribución de la libertad al desarrollo intelectual, véase, por ejemplo, Moshman (2003).
  17. Esta higiene mental es necesaria para la salud personal y social, al igual que la higiene corporal es necesaria para el cuerpo. Las plagas corporales del pasado se han sustituido por plagas mentales en el presente.
  18. Por ejemplo, en lo que respecta a la dimensión funcional, el interés se orienta hacia los aspectos cuantitativos funcionales; la libertad se utiliza para la abstracción, lo que permite centrar la atención en un campo de acción específico (principalmente en cómo funcionan las cosas), prescindiendo a menudo de los aspectos cualitativos; la comunicación se produce en un plano abstracto a través del intercambio de información; la colaboración es ante todo intencionada e individualista; y la investigación gira en torno a la abstracción y a lo que se puede medir cuantitativamente.
  19. La IH se ha conceptualizado a través de numerosas distinciones, en gran medida relacionadas con su uso. Véase, por ejemplo, Gardner (2011).
  20. No es de extrañar que las empresas a la vanguardia de la innovación ofrezcan actividades en el lugar de trabajo para fomentar esa forma de inteligencia, como la meditación (véase Cheng 2016).
  21. Sobre la maleabilidad del concepto de trabajo, véase La-Hovary y Agustí-Panareda (2019).
  22. En el contexto específico europeo, véase, por ejemplo, Méda (2016).
  23. Véase, por ejemplo, Boreham (2004), que cuestiona el enfoque individualista predominante acerca de la inteligencia y el rendimiento en el trabajo.
  24. Varios expertos coinciden en destacar que los empleos más creativos serán los menos amenazados por la IA y otros avances tecnocientíficos (véase, por ejemplo, Bakhshi, Frey y Osborne 2015).
  25. Sobre la importancia de trascender la visión individual de la creatividad y de adoptar un enfoque más participativo y colectivo, véase, por ejemplo, Montuori (2011).
  26. Al redactar este artículo en 2024, a modo de prueba, pedimos ayuda a ChatGPT para identificar artículos que pudieran citarse como referencia sobre algunos de los temas generales aquí tratados. Aunque esta debería haber sido una tarea fácil para la IA (a saber, identificar información sobre publicaciones anteriores), los resultados no fueron los esperados: las publicaciones sugeridas por ChatGPT, aunque siempre tenían una apariencia válida, a menudo eran inventadas y, por lo tanto, inexistentes.
  27. El test de Turing se concibió como un método para determinar si una máquina podía dar muestras de IH, entablando una conversación con un humano sin que este detectara que interactuaba con una máquina (véase, por ejemplo, Levesque 2017).
  28. Los científicos suelen referirse a esta libertad como «aleatoriedad», un concepto que les permite explicar fenómenos de forma probabilística, por ejemplo, la mecánica cuántica, el comportamiento de un electrón y las mutaciones genéticas (véase, por ejemplo, Fowler 2021).
  29. El cultivo de una IH armonizada en el trabajo, con un nivel óptimo de conciliación entre la vida laboral y personal, debería ser beneficiosa también en otros ámbitos de la vida, incluido el ocio.
  30. Se trata, por ejemplo, de: i) cultivar la inteligencia axiológica en el trabajo para comprender mejor las motivaciones del rendimiento profesional e idear estrategias específicas para cada sector o actividad con el fin de mejorar la conexión entre la plantilla y la misión de una empresa u organización específica; ii) fomentar el debate y la sensibilización acerca de la finalidad de la empresa o del lugar de trabajo y su intersección con la promoción del bien común, identificando los valores y prácticas del lugar de trabajo que afecten a esta alineación, y adaptándolos o creando otros nuevos; iii) desalentar los comportamientos gregarios o la visión de las ocupaciones como un conjunto de tareas fijas e inmutables; y iv) estudiar y aplicar medidas de movilidad y de otro tipo que promuevan la motivación de los trabajadores y su contribución a ámbitos alineados con sus capacidades, caracteres e intereses individuales y colectivos.
  31. He aquí algunos ejemplos de acciones que podrían contribuir a esta alineación: perfeccionar los procesos de selección de personal para identificar y tener en cuenta los elementos motivacionales de forma más eficiente; promover el diálogo social y la identificación de los trabajadores con los objetivos colectivos, escuchando las opiniones de los trabajadores afectados y extrayendo enseñanzas al respecto; fomentar una continua dedicación al desarrollo profesional y al desarrollo de la IH, concienciando a los trabajadores sobre sus propias competencias y motivaciones y promoviendo la expansión del ámbito de sus intereses profesionales; y asegurar que las oportunidades de desarrollo profesional tengan amplia difusión y se ofrezcan de forma transparente con criterios objetivos y meritocráticos.
  32. En esto consiste, al fin y al cabo, hacer realidad la promesa de la IA. Puede consultarse un marco conceptual para la automatización, la IA y el trabajo en Acemoglu y Restrepo (2019), por ejemplo.
  33. Con respecto a esta y otras recomendaciones, cabe extraer muchas enseñanzas de la experiencia de las cooperativas. Acerca de la comunicación e innovación, véase, por ejemplo, Peng, Hendrikse y Deng (2018).
  34. Aunque la mayor parte de los estudios sobre IA en este ámbito se han centrado en las «máquinas como compañeras de equipo» y en la comunicación entre máquinas, o entre humanos y máquinas, queda un extenso campo para seguir investigando cómo pueden las herramientas de IA contribuir a mejorar la comunicación humana de manera creativa y eficaz. Véase, por ejemplo, Hancock, Naaman y Levy (2020).
  35. Sobre la aplicación del principio de subsidiariedad a estructuras organizativas como los lugares de trabajo, véase, por ejemplo, Melé (2005).
  36. Cabe relacionar esta idea con los estudios sobre la utilidad de la IA para mejorar el trabajo en equipo; véase, por ejemplo, Webber et al. (2019).
  37. Sobre cómo la creatividad es cada vez más necesaria para todo tipo de trabajos, además de las ocupaciones tradicionalmente consideradas creativas, véase, por ejemplo, Easton y Djumalieva (2018).
  38. Siguiendo un ejemplo ya mencionado, en un campo tradicionalmente considerado creativo, los sistemas de IA pueden ser muy eficaces «componiendo» canciones a partir de patrones de composiciones anteriores (algo que también hacen los compositores). El auge de la IA empuja a los músicos a explorar más allá de lo ensayado y comprobado, dado que las máquinas llevan ventaja en el procesamiento y reciclaje de creaciones pasadas. Esto implica asumir riesgos, pues no hay certeza de éxito comercial, pero así es como ha evolucionado la música a lo largo de los siglos. La diferencia es que, en la actualidad, la IA puede apoyar a la IH proporcionando comparaciones con patrones antiguos y comprobando la originalidad.
  39. Incluso los «templos» de la IH —las universidades e instituciones de investigación— se han supeditado a una dinámica de resultados que obliga a elegir entre «publicar o perecer». A modo de ejemplo, Peter Higgs, galardonado con el Premio Nobel de Física, declaró públicamente que, si hubiera estado sujeto a la productividad basada en los resultados que exige el mundo académico actual, no habría podido lograr sus avances científicos. De hecho, antes de que le concedieran el Premio Nobel, estuvo a punto de ser despedido de su universidad por no ceder a la obsesión, a menudo estéril, por publicar, que constituye un anatema para el pensamiento creativo (véase, por ejemplo, Al-Khalili 2014).
  40. O la sisifemia, por utilizar un neologismo que demuestra la proliferación de dinámicas laborales tóxicas vinculadas al paradigma del trabajo funcional, obsesionado con la producción. Este nuevo trastorno laboral se caracteriza por una ambición obsesiva, el estrés crónico y la fatiga patológica (véase, por ejemplo, García Baroja 2023).
  41. Sobre la función de las «competencias interpersonales» (soft skills) y la inteligencia emocional para fomentar los procesos de innovación en las pequeñas y medianas empresas, véase, por ejemplo, Bonesso, Cortellazzo y Gerli (2020).
  42. Así lo ejemplifica la reciente oleada de despidos masivos en el sector periodístico, como consecuencia de la actual fascinación por la IA, a pesar del impacto negativo que ese proceso puede tener en la fortaleza de las democracias a medio y largo plazo (véase, por ejemplo, Aissani et al. 2023; Malone 2024).
  43. Sobre la importancia de que los procesos de IA se centren en las personas y estén controlados por personas, en lugar de basarse en una lógica puramente económica, véase, por ejemplo, De Stefano (2019).
  44. Sobre la inteligencia artificial y la mediación humana, véase, por ejemplo, Da Silva Guimarães Martins da Costa y Thieriot Loisel (2024).
  45. Muchas de las investigaciones sobre la mediación IA-IH se han centrado en la interacción entre seres humanos y máquinas, examinando la introducción de la IA en el trabajo con fines de eficiencia (véase, por ejemplo, Einola y Khoreva 2023). No obstante, se debería prestar más atención a la concepción de enfoques centrados en el ser humano que ayuden a maximizar las sinergias IA-IH con el objetivo de promover el desarrollo de la IH.
  46. Esas tareas deberían complementarse con otros medios que permitan garantizar un uso correcto de la IA, tales como instrumentos normativos de ámbito internacional, regional, nacional, local y sectorial, y convenios colectivos que establezcan los principios de gobernanza y las mejores prácticas en cuanto a la relación entre la IA y la IH.
  47. Entre los ejemplos de formas emergentes de coordinación internacional en el ámbito de la IA relevantes para el trabajo podemos citar la Ley de Inteligencia Artificial de la UE de 2024 (que promueve un uso responsable de la tecnología de IA en el mercado de la UE, incluida la debida diligencia en el uso de sistemas de IA); la Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial, adoptada en 2021 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (como contribución de una organización internacional que promueve un enfoque de la IA centrado en el ser humano), y los Principios de la IA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), adoptados en 2019 y actualizados en 2024 (con los que se aspira a promover un uso innovador y fiable de la IA, respetando los derechos humanos y los valores democráticos).
  48. En las reuniones de expertos se podrían analizar temáticamente los desafíos de la IA y los mejores medios para avanzar en una agenda para la IH en el trabajo, de forma totalmente coherente con el enfoque centrado en las personas propugnado en la Declaración del Centenario de la OIT de 2019 (véase OIT 2019a).
  49. Respecto de los debates recientes de la OIT sobre el futuro del trabajo, incluso con respecto al impacto de la IA y las tecnociencias, véase OIT (2019b).

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no incurren en ningún conflicto de intereses con respecto al presente artículo.

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