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La pandemia de COVID-19 y la compleja crisis de los cuidados. Evidencia de los efectos segmentadores de género sobre el empleo de los trabajadores del sector informal en las zonas rurales de Viet Nam

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  • La pandemia de COVID-19 y la compleja crisis de los cuidados. Evidencia de los efectos segmentadores de género sobre el empleo de los trabajadores del sector informal en las zonas rurales de Viet Nam

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    La pandemia de COVID-19 y la compleja crisis de los cuidados. Evidencia de los efectos segmentadores de género sobre el empleo de los trabajadores del sector informal en las zonas rurales de Viet Nam

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Resumen

La amplia incidencia del empleo informal y la excesiva carga de cuidados no remunerados que soportan las mujeres son características de las economías en desarrollo. En este artículo se examinan, desde una perspectiva de género, los efectos de la pandemia de COVID-19 en el empleo de los trabajadores de las zonas rurales de Viet Nam. Utilizando datos de la encuesta de población activa de 2021 con un módulo simple sobre uso del tiempo para ajustar los modelos logit ordenados, se observa una fuerte asociación entre los cambios de situación en el empleo y el tiempo dedicado al trabajo de cuidados no remunerado por sectores económicos y entre hombres y mujeres. Los resultados arrojan luz sobre las crisis interrelacionadas de la salud pública, la economía y la prestación de cuidados por efecto de la pandemia. De ello se desprende la necesidad de formular políticas con perspectiva de género y de invertir más en infraestructuras de asistencia social en las zonas rurales de Viet Nam, sobre todo para los trabajadores vulnerables del sector informal, las mujeres que actúan como sustentadoras económicas del hogar y las que realizan trabajos no agrícolas.

Palabras clave: economía informal, desigualdad de género, trabajo de cuidados no remunerado, COVID-19, datos sobre el uso del tiempo, Viet Nam

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Publicado el
2025-12-10

Revisión por pares

La responsabilidad de las opiniones expresadas en los artículos solo incumbe a sus autores, y su publicación en la Revista Internacional del Trabajo no significa que la OIT las suscriba.

Artículo original: «The COVID-19 pandemic and the intertwined care crisis: Evidence of gendered employment effects on informal workers in rural Viet Nam». International Labour Review 164 (4). Traducción de Marta Pino Moreno. Traducido también al francés en Revue internationale du Travail 164 (4).

                                                                                                                               

1. Introducción

La transformación estructural de la economía de Viet Nam en los tres últimos decenios ha supuesto un crecimiento económico extraordinario, una notable reducción de la pobreza y la consecución de resultados de desarrollo (GSO 2019; Banco Mundial 2018). Sin embargo, los trabajadores rurales, cuantificados en 37 millones de personas, siguen representando la mayor parte de la población activa del país, y alcanzaban el 67,6 por ciento antes de la pandemia de COVID-19. La tasa de actividad de las mujeres en Viet Nam se ha mantenido alta, en un rango del 71 al 75 por ciento, a lo largo de dos decenios desde 2000. Las mujeres contribuyen notablemente a la economía rural, ya que representan más del 47 por ciento del empleo en esas zonas, sobre todo en el sector de la agricultura, la silvicultura y la pesca, pero también en la industria y los servicios (GSO 2021). Sobre todo en los países en desarrollo, el trabajo de las mujeres rurales es de naturaleza compleja y se concentra en la agricultura minifundista, la contribución a empresas familiares no remunerada, los empleos estacionales e informales fuera de la explotación agrícola y otras ocupaciones que, por lo general, son difíciles de medir en las encuestas de empleo ordinarias. Al mismo tiempo, las mujeres rurales soportan una carga considerable de trabajo de cuidados y trabajo doméstico (Chant y Pedwell 2008; Koolwal 2021; Otobe 2017).

El mundo del trabajo sufrió los profundos efectos de la pandemia de COVID-19 en todo el planeta (Cooke y Rogovsky 2023). Además de las pérdidas y los costos soportados por los servicios públicos de salud, otras perturbaciones económicas y sociales de mayor duración pusieron en peligro los medios de subsistencia y el bienestar a largo plazo de millones de trabajadores, especialmente en el caso de los grupos vulnerables y precarios de países en desarrollo como Viet Nam. En los primeros días de la pandemia, la OIT predijo que 1 600 millones de trabajadores de la economía informal sufrirían el impacto de la COVID-19, y estimó que la disminución de los ingresos representaría aproximadamente el 60 por ciento en el mundo (OIT 2020a). Los trabajadores de la economía informal se concentraban en los sectores del comercio y los servicios, que fueron los más afectados por las medidas de confinamiento y distanciamiento social (Chen et al. 2022; dos Santos Tavares, Joia y Fornazin 2023; OIT 2020a).

A diferencia de los trabajadores del sector formal, que contaban con prestaciones de seguridad social, los trabajadores de la economía informal no solían tener cobertura de protección social ni prestaciones por desempleo, y a menudo fueron el último grupo en recibir apoyo gubernamental a los ingresos durante la pandemia. Su vulnerabilidad se agravó por la precariedad de su trabajo y las condiciones laborales adversas (Dudzai y Wamara 2021; Gil et al. 2021; Ogando, Rogan y Moussié 2022; Omobowale et al. 2020; Pitoyo, Aditya y Amri 2020).

Desde una perspectiva de género, es un hecho ampliamente reconocido que el confinamiento y demás medidas de contención asociadas a la pandemia afectaron de manera desproporcionada a las mujeres. Las investigaciones de la etapa inicial muestran que las mujeres y las niñas sufrieron más que los hombres y los niños los efectos negativos en el mercado de trabajo, sobre todo por su concentración en la economía informal y su representación desproporcionada en los sectores de servicios de alto riesgo, duramente afectados (Alon et al. 2020; OIT 2020b; Kabeer, Razavi y van der Meulen Rodgers 2021; Banco Mundial 2020). Son cada vez más evidentes los efectos desproporcionados de la pandemia sobre el trabajo, el empleo y los ingresos de las mujeres, tanto en las economías avanzadas (Dang y Nguyen 2021; Guven, Sotirakopoulos y Ulker 2020) como en los países de ingreso bajo o mediano (Khamis et al. 2021; Lavado et al. 2022).

El sesgo de género en el impacto de la pandemia fue más complicado en el mundo en desarrollo (Agarwal 2021a), no solo por sus efectos directos sobre los ingresos, sino también por los efectos indirectos sobre la dinámica intrafamiliar y las vulnerabilidades. En los países en desarrollo, las mujeres asumen una parte desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados informal. De hecho, la pandemia agudizó la crisis crónica de los cuidados hasta un nivel de catástrofe mundial (Duffy, Armenia y Price-Glynn 2023; Bahn, Cohen y van der Meulen Rodgers 2020). Así pues, es fundamental examinar los efectos de la pandemia en el mundo del trabajo diferenciados por género, teniendo en cuenta la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que soportan las mujeres. El análisis de la (des)igualdad de género sería incompleto si no tuviera en cuenta el trabajo no remunerado (Antonopoulos 2008).

Con este telón de fondo, en el presente artículo se analiza el caso de Viet Nam a partir de los siguientes interrogantes: 1) ¿Cómo se vio afectado el empleo informal de mujeres y hombres en Viet Nam en comparación con el empleo de sus homólogos en la economía formal? 2) ¿Cuál fue la brecha de género en el trabajo de cuidados no remunerado durante la pandemia? 3) ¿Se amplificaron los efectos adversos de la pandemia en el mercado laboral debido a la carga de cuidados? 4) ¿Hubo algún efecto heterogéneo entre sectores económicos y géneros? 5) ¿Qué enseñanzas cabe extraer de la pandemia en relación con la importancia de la educación y las competencias técnicas para hacer frente a múltiples crisis, y en qué sentido ayudan estas enseñanzas a mejorar las políticas y los servicios públicos con perspectiva de género en las iniciativas de transformación rural posteriores a la COVID-19?

Al analizar estas cuestiones es importante tener en cuenta el contexto general de Viet Nam. En primer lugar, los trabajadores del sector informal representaban entre el 68 y el 72 por ciento de la población ocupada total en los años anteriores a la pandemia de COVID-19. En segundo lugar, las tasas de actividad de las mujeres se habían mantenido constantemente altas entre el 71 y el 75 por ciento desde el año 2000, un nivel superior al de otros países de Asia Oriental e incluso al de algunas economías avanzadas, como Suecia (Banerji et al. 2018). Las mujeres también estaban desproporcionadamente representadas en el sector informal (GSO 2022). Por ello reviste interés analizar su resiliencia o sufrimiento en cuanto al trabajo y el empleo durante este periodo. En tercer lugar, Viet Nam fue uno de los pocos países capaces de mantener un crecimiento económico positivo durante la pandemia de COVID-19 en 2020 y 2021 (GSO 2022), gracias a la dinámica de una joven economía de mercado. El mercado de trabajo se recuperó muy rápidamente a finales de 2020, casi hasta alcanzar los niveles de empleo anteriores a la pandemia (OIT 2020d). En cuarto lugar, la disponibilidad de datos en Viet Nam representa una oportunidad única para examinar las crisis entrelazadas de la salud pública, la economía y la demanda de cuidados. La Oficina General de Estadística de Viet Nam adoptó módulos simples sobre uso del tiempo para su inclusión en las encuestas de población activa (EPA) nacionales, con el fin de permitir la medición del tiempo de trabajo total (OIT 2021a). Estos datos permiten examinar la magnitud del trabajo de cuidados no remunerado realizado por hombres y mujeres durante los periodos de distanciamiento social obligatorio, junto con sus actividades en el mercado laboral. A diferencia de otros datos de encuestas a pequeña escala recogidos durante la aplicación de medidas de contención, el uso de datos representativos de ámbito nacional puede aportar información para la elaboración de políticas.

El alcance del estudio se limita a las zonas rurales de Viet Nam por varias razones. A pesar del intenso proceso de industrialización y modernización de los últimos decenios, la agricultura sigue aportando entre el 11 y el 12 por ciento del PIB y alrededor de un tercio del empleo total. La economía rural se ha diversificado, y los sectores no agrarios representan más de dos tercios del empleo total, pero siguen atrayendo a más del 70 por ciento de la población ocupada en el sector informal (GSO 2022). Muchos grupos pobres y vulnerables también se concentran en las regiones rurales, principalmente en zonas remotas y montañosas (Banco Mundial 2018). De hecho, las comunidades y familias rurales tienen menos opciones y es menos probable que puedan permitirse externalizar los servicios de cuidados, porque la infraestructura pública de cuidados en las zonas rurales está menos desarrollada en cantidad y en calidad. A falta de servicios públicos, los hogares rurales dependen sobre todo de sus propios recursos, de modo que el cuidado infantil corre a cargo de los abuelos, mientras que el cuidado de las personas ancianas recae sobre los hijos adultos y los cónyuges.

La elección de las zonas rurales como objeto de estudio es una de las contribuciones de este artículo a la bibliografía sobre los efectos de la pandemia de COVID-19 en el empleo. A pesar de la necesidad de proporcionar trabajo decente para la economía rural (OIT 2017), la mayoría de los estudios sobre los trabajadores de la economía informal durante este periodo se centran en las ciudades y omiten por completo la situación en las zonas rurales, donde una gran proporción de los trabajadores de la economía informal estaban ocupados en el sector agrario, en pequeñas empresas no agrícolas o como trabajadores por cuenta propia (Akuoko, Aggrey y Amoako-Arhen 2021; Chen et al. 2022; Chigbu y Onyebueke 2021; Martínez y Short 2021). Las poblaciones rurales suelen ser más pobres y vulnerables, disponen de menos ahorros que les ayuden a hacer frente a las crisis y tienen solo un acceso limitado a los servicios de salud y a los centros de cuidados, así como un acceso más deficiente a internet y a los servicios de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) (OCDE 2020). Sin embargo, las zonas rurales no han recibido la atención adecuada en las investigaciones académicas sobre la COVID-19 y el empleo informal.

Desde una perspectiva de género, el objetivo de este estudio es colmar una laguna bibliográfica mediante un análisis de los efectos de la crisis de salud pública y de las perturbaciones económicas relacionadas con la COVID-19 sobre el empleo a nivel individual, dos fenómenos que se entrelazaron con la crisis de los cuidados que afectó a los trabajadores rurales de Viet Nam, tanto formales como informales. La presente investigación contribuye a la extensa bibliografía sobre los efectos de la pandemia en los puestos de trabajo, el empleo y la desigualdad de género en los países del Sur en un triple sentido.

En primer lugar, se adopta una perspectiva de género para examinar la interacción entre los efectos de la pandemia sobre el empleo y la crisis de los cuidados, un enfoque que no se aplica con tanta claridad en la bibliografía sobre las diferencias relacionadas con la pérdida de empleo en función del sexo y de las intersecciones de sexo, casta y raza (Agarwal 2021b). En segundo lugar, se muestra cómo la carga del trabajo de cuidados no remunerado amplificó los efectos de la crisis sobre el empleo, y viceversa. Por último, se realiza un análisis de los sectores económicos rurales con representación diferenciada de mujeres y hombres. Esto permite inferir de qué modo la insuficiencia y la precariedad de los servicios públicos de cuidados en un país en desarrollo intensifican aún más la carga de trabajo total (remunerado y no remunerado) que recae sobre las personas. Este análisis puede ampliar los debates de política sobre la conciliación del trabajo y la vida privada con un enfoque basado en el género. También puede fundamentar la elaboración de políticas con perspectiva de género en materia de protección social, regulación del mercado laboral y elaboración de presupuestos para un país como Viet Nam con escasos recursos públicos. Por último, puede contribuir a integrar los objetivos de trabajo decente e igualdad de género en las políticas de desarrollo rural del país como elementos clave para la prosperidad y la cohesión social.

El resto del artículo se estructura del siguiente modo. En primer lugar, se esboza un marco conceptual para el empoderamiento de las mujeres rurales en el contexto del trabajo decente, incorporando el trabajo de cuidados no remunerado (apartado 2). En segundo lugar, se describe un panorama general de los efectos macroeconómicos de la pandemia de COVID-19 en el mercado laboral de Viet Nam, y se aporta información contextual sobre el empleo de las mujeres rurales (apartado 3). En tercer lugar, se explican los datos y la metodología de análisis (apartado 4). Seguidamente, se presentan los detalles del análisis descriptivo y los resultados econométricos (apartado 5), y se analizan los resultados obtenidos (apartado 6). Por último, se esbozan las consecuencias del análisis para las iniciativas posteriores a la pandemia.

2. Marco conceptual y bibliografía conexa

En este apartado se describen dos marcos afines relacionados con el trabajo de las mujeres en las zonas rurales, teniendo en cuenta el carácter informal de su trabajo remunerado y el tiempo que dedican al trabajo de cuidados no remunerado. En primer lugar, se adopta el nuevo marco de medición propuesto por Hillesland et al. (2016) para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), observando el nexo entre el empoderamiento de las mujeres y el trabajo decente en las zonas rurales de las economías en desarrollo. En segundo lugar, se amplía este marco para abarcar el trabajo de cuidados no remunerado, integrando algunas características de la economía de los cuidados en general y el contexto de las crisis, con el fin de sentar las bases para una exploración de múltiples crisis interrelacionadas.

La Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo de la OIT, en su 19.ª reunión (2013), reconoció la complejidad del trabajo de las mujeres en las regiones rurales. Se introdujeron importantes cambios en el marco convencional de medición de las estadísticas del trabajo, exigiendo más datos sobre actividades y medidas relativas a las mujeres rurales. Se prevé, entre otras cosas, la obtención de datos sobre el trabajo basado predominantemente en prácticas de subsistencia; el trabajo no remunerado en la explotación agrícola familiar; el tiempo total de trabajo de los individuos en actividades remuneradas y no remuneradas, e información sobre la subutilización de la fuerza de trabajo (OIT 2013).

En el marco de medición elaborado para la FAO se amplía el Programa de Trabajo Decente de la OIT1 con el objeto de incorporar el empoderamiento de las mujeres rurales en el trabajo y los aspectos externos relacionados con el género que afectan al trabajo, como las instalaciones e infraestructuras sanitarias, la educación y la formación en cuestiones de género (Hillesland et al. 2016). Se incluye el «progreso social y económico» como componente de empoderamiento, midiendo el tiempo de trabajo de hombres y mujeres, el rendimiento del trabajo asalariado y las diferencias en cuanto al empleo y al desarrollo de capacidades. En el marco se destaca la importancia del contexto rural, en el que los hogares de pequeños agricultores suelen dedicarse a múltiples actividades de subsistencia (agrícolas y no agrícolas) para diversificar sus ingresos o hacer frente a los riesgos, la incertidumbre y la estacionalidad de la producción agrícola. Estas actividades pueden consistir en el empleo independiente en la agricultura, el trabajo asalariado temporal/ocasional remunerado en efectivo o en especie, el pequeño comercio, la venta ambulante o la renta obtenida del arrendamiento de tierras (Hillesland et al. 2016). Además, la producción para el autoconsumo y la agricultura de subsistencia son ámbitos en los que las mujeres rurales están sobrerrepresentadas. Estas actividades abarcan desde la contribución al trabajo o a los negocios familiares hasta la producción agrícola para el consumo familiar, el mantenimiento del hogar y una amplia gama de servicios y tareas de cuidados, como limpiar, cocinar, lavar la ropa, ir a buscar agua, hacer la compra y atender a los miembros del hogar (por ejemplo, niños, ancianos y personas con discapacidad). En una profusa línea bibliográfica se han documentado los efectos del trabajo no remunerado en los resultados laborales (Arntz, Ben Yahmed y Berlingieri 2022; Antonopoulos 2008; CESPAP 2019), el bienestar y la salud física y mental (Nivakoski y Mascherini 2021; Sinha et al. 2024) de las mujeres. Sin embargo, esas actividades no solo no se remuneran, sino que además no están reconocidas y son difíciles de medir sin los datos adecuados. Las encuestas sobre el uso del tiempo pueden suplir esta deficiencia con datos desglosados por género que reflejen la desigualdad de género a este respecto (Hillesland et al. 2016).

Antes de la crisis de la COVID-19, las discrepancias de género en el trabajo no remunerado en todo el mundo resultaban desfavorables para las mujeres y las niñas, sobre las que recaían más de tres cuartas partes del total del trabajo de cuidados no remunerado (OIT 2019; Anxo et al. 2011). En un estudio sobre 13 países de la región de Asia y el Pacífico en el que se cuantificaron las horas de trabajo remunerado y no remunerado, se observó que las mujeres dedicaban entre dos y diez veces más tiempo al trabajo de cuidados no remunerado y trabajaban más horas diarias que los hombres (CESPAP 2019). La pandemia de COVID-19 puso de relieve la importancia esencial de los cuidados para las economías (Agarwal 2021b; Heintz, Staab y Turquet 2021). En concreto, los cuidados no remunerados resultaron ser una dimensión clave de la respuesta de emergencia debido al cierre de escuelas, a la vulnerabilidad de las personas ancianas y a las modalidades de trabajo a domicilio durante el confinamiento (ONU Mujeres 2020). La pandemia creó una necesidad sin precedentes de trabajo de cuidados en el hogar para atender a las personas sanas y a quienes contraían el virus (İlkkaracan y Memiş 2021; Kabeer, Razavi y van der Meulen Rodgers 2021).

La evidencia empírica indica sistemáticamente que el aumento del trabajo de cuidados durante la pandemia recayó desproporcionadamente sobre las mujeres en todo el mundo (Bahn, Cohen y van der Meulen Rodgers 2020; İlkkaracan y Memiş 2021), lo que se ha denominado en inglés con el neologismo shecession (Tribin et al. 2023). Una encuesta realizada por ONU Mujeres en marzo de 2020 en 11 países de Asia y el Pacífico mostró que, aunque estas cargas de tiempo se agravaron para todas las personas, el 63 por ciento de las mujeres y el 59 por ciento de los hombres tuvieron que dedicar más tiempo al trabajo doméstico no remunerado durante la pandemia de COVID-19 (ONU Mujeres 2020). El mayor aumento recayó sobre las mujeres solteras que vivían en hogares con hijos. Cuando las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, tienden a reducir su jornada laboral o a cambiar de modalidad de empleo. Esta situación creó las condiciones propicias para que la carga total de trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres alcanzara un nivel difícil de conciliar con la vida privada (İlkkaracan y Memiş 2021).

El marco de la economía de los cuidados que los economistas feministas defienden desde hace decenios, situado ahora en el contexto de la pandemia, ayuda a comprender las crisis entrelazadas de los cuidados (remunerados y no remunerados), el medio ambiente (ámbito en que la preocupación más acuciante es el cambio climático) y la macroeconomía (Heintz, Staab y Turquet 2021). A pesar de que la crisis de la COVID-19 evidenció la naturaleza «esencial» del trabajo de cuidados, este se infravalora e invisibiliza sistemáticamente. La pandemia puso de relieve la importancia de los cuidados no remunerados cuando los servicios públicos saturados no ofrecen alternativas. A medida que los servicios rutinarios para personas con enfermedades crónicas se vuelven menos accesibles, el trabajo no remunerado de las mujeres actúa como «amortiguador», compensando los bienes y servicios de mercado que las familias ya no pueden permitirse y la falta de disponibilidad de servicios públicos (Elson 1995; Heintz, Staab y Turquet 2021). En términos más generales, Heintz, Staab y Turquet (2021) también señalan que durante la pandemia de COVID-19 se demostró cómo la interacción de las economías de mercado con los procesos no mercantiles (a través del trabajo no remunerado) podían desencadenar, de manera simultánea, una crisis económica mundial y una crisis en la organización social de los cuidados. Se puso de manifiesto la dependencia crítica de ciertos bienes y servicios no mercantiles en las economías de mercado globalizadas.

La cuestión de las crisis múltiples entrelazadas ha sido objeto de debate en la bibliografía desde el estallido de la pandemia (Heintz, Staab y Turquet 2021; İlkkaracan y Memiş 2021; Kabeer, Razavi y van der Meulen Rodgers 2021). Lo que comenzó como una crisis de salud pública acabó alterando los mercados laborales y las cadenas de suministro, lo que a su vez desencadenó una crisis económica motivada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social. A diferencia de otras crisis anteriores, las características de esta doble crisis sanitaria y económica creó diferencias de género en cuanto a la distribución del tiempo entre el trabajo no remunerado y el remunerado, aunque las medidas para evitar los contagios se aplicaron por igual a hombres y mujeres. Ello puso en primer plano el debate sobre la economía y la crisis de los cuidados, con sus implicaciones para la desigualdad de género.

3. Contexto de Viet Nam

3.1. Impacto de la COVID-19 en el mercado laboral vietnamita

En Viet Nam la pandemia de COVID-19 se desarrolló en cuatro oleadas principales. Tras el registro de un pequeño número de casos a principios de 2020, el Gobierno decidió cerrar todas las escuelas en febrero y las fronteras internacionales en marzo. También se restringieron los viajes internos entre provincias. Los esfuerzos por contener la COVID-19 en 2020 resultaron ser efectivos en la mayoría de los casos. El Gobierno anunció una política de cuarentena más estricta durante el año nuevo lunar de 2021, pero en abril no se pudo evitar un gran brote que provocó 1,2 millones de contagios. El país impulsó enérgicamente una estrategia de COVID-19 cero, mediante el rastreo de contactos, la realización masiva de pruebas, la cuarentena y el confinamiento. Las medidas de apoyo y los paquetes de políticas de protección se aplicaron en su mayor parte en 2021.2

En el primer trimestre de 2020, la economía se vio levemente afectada (Banco Mundial 2020) por las restricciones iniciales a la movilidad interfronteriza y por las medidas de contención. El mercado laboral se recuperó muy rápidamente, alcanzando casi su nivel de empleo anterior a la pandemia a finales de 2020, y el país recibió elogios por su gestión de la doble crisis (OIT 2020c y 2020d). Sin embargo, las oleadas de 2021, más contundentes, causaron daños de mayor envergadura, afectando a más de 9 millones de trabajadores (en una población activa de 50 millones de personas) y contrarrestando el impulso previo de recuperación. Entre los perjudicados, 540 000 personas perdieron su empleo y 2,8 millones quedaron sujetas a un régimen de regulación temporal del empleo o tuvieron que suspender la producción o las actividades mercantiles. Además, 3,1 millones de trabajadores declararon que se había reducido su jornada laboral o que habían pasado a un sistema de turnos rotatorios, y 6,5 millones afirmaron haber sufrido una pérdida de ingresos (GSO 2021).

En Viet Nam, la informalidad del trabajo depende del sector económico y de que los empleadores hayan registrado su empresa y estén al corriente de sus obligaciones tributarias. Además, la legislación exige que los trabajadores de la economía formal tengan un contrato de trabajo y prestaciones de seguridad social (Nguyen et al. 2021). Estas dos condiciones dan lugar a diversos tipos de empleo informal, que van desde los trabajadores por cuenta propia hasta los trabajadores independientes e incluso los asalariados que trabajan sin contrato. El empleo informal se distribuye en un amplio conjunto de ocupaciones, como pequeños agricultores, vendedores ambulantes, pequeños comerciantes y trabajadores domésticos.

Las respuestas dinámicas a las diferentes oleadas pandémicas variaron drásticamente entre el empleo formal y el informal. En 2021, más de 33,5 millones de trabajadores estaban ocupados en el sector informal, lo que equivale al 68,5 por ciento de la población ocupada total (GSO 2022). El sector de los hogares suele separarse del sector informal en las estadísticas de Viet Nam, a pesar de que las tareas domésticas se consideran empleo informal según la definición establecida por la OIT y no están cubiertas por la protección laboral.3 Un estudio de la OIT (2022) ofrece una visión general de los cambios en el empleo que afectaron a los trabajadores formales e informales de Viet Nam. En comparación con 2019, los puestos de trabajo informales se vieron afectados de manera inmediata y adversa por los informes iniciales sobre el virus de la COVID-19 a principios de 2020, mientras que el número de empleos formales siguió aumentando a un ritmo anual del 2,7 por ciento. Sorprendentemente, durante el largo periodo de distanciamiento social, el empleo formal sufrió importantes fluctuaciones, mientras que el empleo informal se mantuvo en niveles estables durante cuatro trimestres consecutivos hasta el segundo trimestre de 2021 (gráfico 1). Esto parece indicar que el sector informal fue resiliente al adaptarse a las nuevas circunstancias y desempeñó una función de amortiguador frente a la crisis. Sin embargo, más adelante en 2021, cuando las siguientes oleadas de la pandemia llegaron a Viet Nam y requirieron confinamiento y medidas más restrictivas, los puestos de trabajo informales disminuyeron de manera aún más drástica que los formales (un 6,7 frente a un 4,1 por ciento en el tercer trimestre de 2021). Además, había una gran diferencia en el empleo informal entre las zonas rurales y urbanas. Desde el tercer trimestre de 2020 hasta el segundo trimestre de 2021, hubo cierto crecimiento del empleo informal en las zonas urbanas (de un 3 a un 5 por ciento), mientras que se perdieron del 2 al 3 por ciento de los empleos rurales informales (gráfico 2), lo que pone de manifiesto una mayor resiliencia y flexibilidad en los empleos urbanos.

Gráfico 1. Cambios de situación en el empleo en comparación con 2019 (porcentajes)

Fuente: OIT (2022).

Gráfico 2. Variación del número de puestos de trabajo por zona en comparación con 2019 (porcentajes)

Fuente: OIT (2022).

No obstante, cada vez hay más evidencia de que la pandemia provocó trastornos considerables en Viet Nam, sobre todo en lo que respecta a los resultados del mercado laboral y al aumento de la pobreza (Nguyen et al. 2021). Ahora que se dispone de más datos, en este artículo se amplía la bibliografía existente analizando los sesgos de género en los efectos de la COVID-19 sobre el empleo rural, especialmente entre los trabajadores de la economía informal.

3.2. Las mujeres y el empleo informal en las zonas rurales de Viet Nam

La proporción de mujeres en la población activa de Viet Nam se ha mantenido estable en torno al 45-47 por ciento desde 2000. Aunque el descenso de la tasa de actividad masculina y femenina en 2020 fue similar, la recuperación del empleo fue mayor para las mujeres que para los hombres (del 5,4 frente al 0,7 por ciento) (GSO 2021). La población activa urbana también experimentó una recuperación más robusta en 2021, con un crecimiento del 5,5, frente al 1,4 por ciento en las zonas rurales. Inicialmente, sin embargo, los trabajadores urbanos se vieron más gravemente afectados que los rurales (en un 15,6 frente a un 10,4 por ciento), lo que refleja el hecho de que la agricultura fue el sector menos afectado por la pandemia (solo el 7,5 por ciento de los trabajadores). El sector servicios fue el que sufrió el impacto más severo (un 20,4 por ciento de los trabajadores afectados), seguido de los sectores manufacturero y de la construcción (un 16,5 por ciento de los trabajadores afectados) (GSO 2021).

Por lo que respecta al empleo informal, el gráfico 3 muestra que las personas ocupadas soportaron diferentes grados de afectación en las distintas oleadas de la pandemia dependiendo de su género (OIT 2022). En 2019, unos 14,4 millones de mujeres trabajaban en las zonas rurales de Viet Nam. El empleo informal femenino registró un fuerte declive en los dos primeros trimestres de 2020, de un 4,7 y un 6,1 por ciento, respectivamente, mientras que los cambios en el empleo informal masculino fueron más moderados. Hubo una fuerte recuperación en la segunda mitad de 2021 antes de otra caída en picado en el tercer trimestre de 2021. Esta vez, las trabajadoras y los trabajadores del sector informal se vieron afectados de forma similar, perdiendo entre el 6,5 y el 6,8 por ciento del empleo, respectivamente.

Gráfico 3. Variación del número de puestos de trabajo por sexo en comparación con 2019 (porcentajes)

Fuente: OIT (2022).

Por sectores económicos, las mujeres de las zonas rurales se distribuyen entre la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (el 40 por ciento), las industrias manufactureras (del 26 al 27 por ciento) y el comercio al por mayor y al por menor y servicios de reparación (del 14 al 15 por ciento), seguidos de sectores más pequeños y de las comunicaciones, la educación y otros servicios. Por lo tanto, sería interesante profundizar en los efectos de la pandemia sobre las mujeres rurales en los tres sectores principales.

4. Datos y metodología

4.1. Enfoque empírico

A fin de medir los efectos de la pandemia en el empleo rural e identificar los diferenciales entre trabajadores según criterios de informalidad (los trabajadores de la economía informal representan el 62 por ciento de la muestra) y entre sexos, se utilizan modelos logit ordenados (McCullagh 1980). La variable (respuesta) se clasifica en una escala ordinal de gravedad del efecto sobre el empleo. Este método es más eficiente que los modelos logit multinomiales, en los que no se tiene en cuenta la ordinalidad de la variable de respuesta y esta se trata como nominal, lo que puede hacer que no se utilice parte de la información del resultado disponible, estimando muchos más parámetros de los necesarios y aumentando el riesgo de obtener resultados no significativos (Williams 2006; Williams y Quiroz 2020). En el presente caso, se considera la gravedad de los efectos de la pandemia sobre el empleo a partir de la información subjetiva declarada por los encuestados.

Se utilizan dos modelos con diferentes tamaños muestrales. El modelo de referencia abarca una muestra más amplia de individuos que habían estado ocupados antes de la pandemia y que estaban ocupados, desempleados o inactivos en el momento de la encuesta en 2021. Los cuatro resultados ordinales de la variable dependiente son «sin efectos», «reducción de horas de trabajo/expediente de regulación temporal del empleo/suspensión de la actividad empresarial», «pérdida del puesto de trabajo pero con empleo en el momento de la encuesta» y, por último, «pérdida del puesto de trabajo y todavía en situación de desempleo».4 Las variables explicativas abarcan únicamente las características individuales (X’), y no las características del trabajo. El modelo de probabilidades proporcionales es idéntico al modelo logístico lineal de McCullagh (1980), expresado en la ecuación (1):

log γj(X)1γj(X)=θj βX                            (1)

donde 1 ≤ j < 4.

La probabilidad acumulada hasta j (incluida) para un vector de covariables X se expresa en la ecuación (2):

γj(X)=Pr (Y<θj|X)                            (2)

siendo θj el punto de corte de la categoría j-ésima.

En segundo lugar, se restringe el modelo ampliado a quienes trabajaban en el momento de la encuesta y, por lo tanto, solo se tienen en cuenta las tres primeras categorías de la variable de respuesta (k = 3). En consecuencia, se añaden al modelo más covariables sobre las características del trabajo (Z). También se exploran los efectos de interacción entre las características individuales y las características del trabajo para aplicar análisis de interseccionalidad (por ejemplo, género con informalidad, y género con sectores económicos). Algunos términos de interacción se representan mediante X’Z en el modelo. La forma funcional es similar a la anterior, con la condición 1 ≤ j < 3, y el vector de covariables X se sustituye por una combinación de X + Z + X’Z.

4.2. Datos

Se utilizan datos de la EPA de Viet Nam (representativa a nivel nacional) correspondiente a 2021, año en que la pandemia empezó a afectar al mercado laboral. A fin de restringir el alcance del estudio a las zonas rurales, se limitó la muestra a los residentes que llevaban cinco años viviendo en su localidad. El objetivo era descartar los efectos externos de la migración interna provocada por la pandemia, cuando los trabajadores urbanos que perdieron el empleo emigraron a sus provincias de origen para dedicarse a labores agrícolas.

Para medir los efectos sobre el empleo se definieron cuatro niveles de la variable dependiente basados en la información retrospectiva de los encuestados sobre cómo afectó la COVID-19 a su trabajo, codificados como 1 (sin efectos), 2 (reducción de las horas de trabajo, expediente de regulación temporal de empleo o suspensión de la actividad empresarial), 3 (pérdida del puesto de trabajo pero con empleo en el momento de la encuesta) y 4 (pérdida del puesto de trabajo y en situación de desempleo debido a la pandemia). Así lo confirmó una pregunta adicional de la encuesta, en la que se preguntaba a los encuestados si su trabajo seguía acusando los efectos de la pandemia. Se excluyó a los trabajadores para los que la pandemia tenía un impacto positivo. En consecuencia, se limitó la muestra inicial de encuestados mayores de 15 años en las zonas rurales de Viet Nam a 96 413 trabajadores ocupados, desempleados e inactivos.

En cuanto a las variables explicativas, las dos variables dicotómicas clave fueron «mujer», codificada como 1 si la persona encuestada era una mujer, e «informal», codificada como 1 para quienes tenían una ocupación informal. Esta última categoría podía corresponder a trabajadores por cuenta propia, autónomos, trabajadores familiares no remunerados y empleados domésticos o asalariados sin seguro social obligatorio o cuyos empleadores no estaban registrados (GSO y OIT 2016). En el cuadro SA1 del anexo suplementario 1 en línea se resumen las características individuales. Se han utilizado las competencias técnicas en lugar de los niveles educativos, incorporando la formación profesional en el caso de las personas que no tenían titulación universitaria.5 Las variables ficticias provinciales representan, en cierta medida, las diversas situaciones de la COVID-19 en 2021 en distintas partes de Viet Nam. Aunque no fue posible acceder a información sobre los meses de encuesta para enriquecer el análisis, se crearon variables ficticias trimestrales para controlar la estacionalidad del empleo, a partir de las cuatro rondas trimestrales de la EPA de 2021.

A raíz de la petición de la OIT de mejorar la capacidad estadística para medir el tiempo de trabajo total, remunerado o no remunerado, Viet Nam añadió a su EPA un módulo simple sobre uso del tiempo (OIT 2021a; GSO 2022). Las series de datos de 2020 y 2021 de la EPA fueron las primeras que contenían información adicional sobre el trabajo no remunerado en el hogar. A los efectos del presente artículo, interesa especialmente la cantidad de tiempo que los trabajadores rurales dedican al cuidado de su familia en tres categorías principales: 1) trabajo doméstico, que incluye cocinar, limpiar, lavar la ropa y hacer la compra; 2) cuidados y apoyo prestados a personas adultas (mayores de 18 años) y 3) cuidado de niños (para menores de 18 años). Cada categoría se mide en horas semanales. Los resultados se resumen en el cuadro SA1 del anexo suplementario 1 en línea.

5. Resultados

5.1. Efectos de la pandemia en el empleo

En este apartado se presenta un análisis descriptivo de los efectos de la pandemia en el empleo de los trabajadores rurales según las respuestas retrospectivas de la encuesta. A continuación, en el apartado 5.2 se expone la modelización econométrica. Los efectos negativos fueron de diverso tipo, desde la pérdida de puestos de trabajo hasta el expediente de regulación del empleo, la suspensión de actividades empresariales, la reducción de horas de trabajo y la pérdida de ingresos. Los resultados reflejan también algunos efectos positivos (aumento de ingresos) y la ausencia de cambios. Los encuestados podían elegir más de una respuesta. En el cuadro SA2 del anexo suplementario 1 en línea se indica la proporción de trabajadores que afirman haber sufrido efectos de la pandemia en el trabajo y los ingresos. Los trabajadores urbanos se vieron más afectados, pero también tenían más facilidades para teletrabajar (trabajo a domicilio) que los de las zonas rurales, donde el trabajo agrícola requiere presencia física y hay menos oportunidades de desempeñar ocupaciones en línea y tareas de plataformas.

En las zonas rurales se observan algunas diferencias entre hombres y mujeres en diversos aspectos. Aunque las mujeres parecen haber soportado un menor riesgo de pérdida de empleo en el sector informal y el sector de los hogares, eran más vulnerables que los hombres a la regulación temporal del empleo en la economía informal, y a la suspensión de la actividad empresarial tanto en el sector formal como en el informal (cuadro SA3). En cambio, los porcentajes globales de trabajadores afectados por la pandemia de COVID-19 en las zonas rurales (el 42 por ciento) son relativamente similares para hombres y mujeres (cuadro SA2). Se analizan además los efectos de género en relación con la informalidad sectorial para desentrañar los retos a que se enfrentan los trabajadores de la economía informal en las zonas rurales. Como se muestra en el cuadro SA3, el sector de los hogares (casi todas las explotaciones agrícolas) fue el menos afectado en cuanto a la pérdida de puestos de trabajo o la reducción de horas de trabajo, ya que las explotaciones mantuvieron su actividad. Sin embargo, fue más propenso a la reducción de ingresos al disminuir la producción y las ventas de productos agrícolas con el descenso de la demanda del mercado y las medidas de distanciamiento social. Tanto los hombres como las mujeres en el sector informal eran vulnerables a todos los efectos negativos de la pandemia en el mercado de trabajo. Por ejemplo, las proporciones de hombres y mujeres encuestados que declararon haber perdido el empleo (el 3,2 y el 2,6 por ciento, respectivamente) fue superior a la tasa nacional de desempleo (el 2,5 por ciento). En cambio, las proporciones fueron más bajas en el sector formal (el 1,77 y el 1,88 por ciento, respectivamente).

También se observa que el número de trabajadoras del sector informal afectadas por el despido temporal o la suspensión de la actividad (el 27,4 por ciento) o por la pérdida de ingresos (el 43,9 por ciento) era mayor que el de cualquier otro grupo. Además, la proporción de mujeres que pasaron a desempeñar un trabajo en línea o en plataformas era baja, aunque ligeramente mayor que la de los hombres.

En los siguientes modelos econométricos se investigan los factores que influyen en la propensión a sufrir cambios en el empleo. La primera columna del cuadro 1 corresponde al modelo logit ordenado de referencia en el que solo son significativos los signos y no la magnitud de los coeficientes. El coeficiente positivo y muy significativo de la variable ficticia «mujer» indica que las mujeres tenían más probabilidades que los hombres de experimentar efectos más intensos (más graves) sobre el empleo durante la pandemia. En este modelo también se observa una relación no lineal entre la edad y los efectos sobre el empleo, ya que los trabajadores más jóvenes tienden a sufrir efectos más graves que los trabajadores de edad avanzada hasta un determinado punto de la distribución etaria, a partir del cual se invierte la tendencia. Cuando se define a los trabajadores solteros como grupo de referencia, resulta que los trabajadores casados tenían menos probabilidades de sufrir graves consecuencias laborales, mientras que las personas divorciadas, separadas o viudas eran más vulnerables a los peores cambios laborales. Manteniendo constantes otros factores, las competencias técnicas influyen de manera significativa en la mitigación de los efectos negativos de la pandemia sobre el empleo de los trabajadores rurales. Tomando como referencia a los trabajadores sin calificación, las personas muy calificadas tenían menos probabilidades de verse afectadas por la crisis, sobre todo las que poseían una titulación universitaria, seguidas de las que habían adquirido calificaciones técnicas a través de la educación postsecundaria no terciaria.

Cuadro 1. Modelo logit ordenado de referencia con cuatro efectos sobre el empleo en las zonas rurales

Efectos marginales por resultado
Modelo logit ordenado de referencia Sin efectos Reducción de horas de trabajo/expediente de regulación temporal del empleo/suspensión de la actividad empresarial Pérdida del puesto de trabajo pero con empleo en el momento de la encuesta Pérdida del puesto de trabajo y todavía en situación de desempleo
Mujer 0,0083***
(5,85)
–0,0011***
(–5,85)
0,0004***
(5,85)
0,0002***
(5,85)
0,0006***
(5,85)
Edad –0,0635***
(–217,07)
Edad2 0,00055***
(171,83)
Estado civil (ref. persona soltera)
Persona casada –0,140***
(–67,35)
0,0191***
(67,83)
–0,0066***
(–71,51)
–0,0029***
(–66,55)
–0,0096***
(–65,65)
Persona divorciada, separada o viuda 0,101***
(30,77)
–0,0135***
(–30,89)
0,0039***
(31,52)
0,0021***
(30,81)
0,0074***
(30,52)
Sustentador/sustentadora principal del hogar 0,0218***
(13,64)
–0,0029***
(–13,64)
0,0011***
(13,64)
0,0004***
(13,64)
0,0015***
(13,64)
Competencias técnicas (ref. sin competencias)
Primaria 0,209***
(92,19)
–0,0280***
(–93,77)
0,0088***
(105,34)
0,0043***
(91,73)
0,0149***
(87,95)
Secundaria 0,0039
(1,18)
–0,0005
(–1,18)
0,0002
(1,19)
0,0001
(1,18)
0,0003
(1,18)
Postsecundaria no terciaria –0,0495***
(–13,81)
0,0068***
(13,75)
–0,0025***
(–13,42)
–0,0010***
(–13,83)
–0,0033***
(–13,99)
Universitaria o superior –0,203***
(–77,20)
0,0283***
(76,23)
–0,0113***
(–70,27)
–0,0041***
(–77,73)
–0,0129***
(–81,39)
Trimestre (ref. T1)
T2 0,0363***
(14,75)
–0,0030***
(–14,76)
–0,0017***
(–14,70)
0,0012***
(14,75)
0,0035***
(14,74)
T3 0,607***
(287,77)
–0,0414***
(–262,09)
–0,0498***
(–299,44)
0,0211***
(268,84)
0,0702***
(303,85)
T4 –2,283***
(–1 078,07)
0,353***
(1 447,53)
–0,204***
(–969,45)
–0,0475***
(–591,52)
–0,102***
(–583,83)
Punto de corte 1 –4,619***
(–753,74)
Punto de corte 2 –0,324***
(–54,80)
Punto de corte 3 0,179***
(30,20)
Observaciones 96 413 96 413 96 413 96 413 96 413
Control de los efectos provinciales
Logaritmo de verosimilitud –10 332 695
Pseudo R2 0,2365
  • * Significativo al nivel del 10 por ciento.   ** Significativo al nivel del 5 por ciento.   *** Significativo al nivel del 1 por ciento.

    Notas: Entre paréntesis se indican los estadísticos t. En el contexto del sistema de educación y formación de Viet Nam, «educación postsecundaria no terciaria» equivale a «cao dang». Los tres puntos de corte indican los valores estimados para los tres umbrales en la variable latente continua que subyace a los cuatro resultados de empleo observados en el modelo, dado que todas las variables explicativas se evalúan en cero.

    Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021.

Los efectos marginales de cada variable explicativa se muestran en las cuatro últimas columnas del cuadro 1, que se corresponden con las cuatro categorías de la variable de respuesta. Sin controlar las características del trabajo, en promedio las mujeres de las zonas rurales tenían mayores probabilidades (0,06 puntos porcentuales más) que los hombres de perder su empleo y permanecer desempleadas durante la pandemia. Por su parte, los trabajadores rurales con titulación universitaria eran más propensos que los trabajadores sin calificación (diferencia de 2,8 puntos porcentuales) a no verse afectados en su empleo, mientras que la probabilidad de que esos graduados fueran objeto de un expediente de regulación temporal del empleo, sufrieran un despido o permanecieran en situación de desempleo se redujo en 1,1, en 0,4 y en 1,3 puntos porcentuales, respectivamente. Los resultados correspondientes a los trabajadores rurales con titulación postsecundaria no terciaria son similares, aunque de menor magnitud. Para comprender mejor esas diferencias fundamentales, los modelos ampliados tienen en cuenta otras características del trabajo, los sectores económicos y el grado de formalidad.

También esos cambios relacionados con el empleo presentan importantes diferencias estacionales, con efectos más perjudiciales en el segundo y tercer trimestres en comparación con el primero, que es el trimestre de referencia, mientras que hubo algunas mitigaciones en el último trimestre de 2021. Esto refleja un patrón estacional de altos niveles de desempleo a mitad de año en Viet Nam, reforzado por los contagios generalizados por COVID-19 de abril a agosto de 2021.

En el modelo ampliado con tres niveles de la variable de resultado, además de los efectos provinciales, la estacionalidad trimestral y las competencias laborales, también se controlan las variables de sector económico de los trabajadores, su situación laboral y las ocupaciones clasificadas en diez grupos (códigos de 1 dígito de la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones, CIUO-08, de 2008). Los resultados difieren del modelo de referencia anterior al permitirse la interseccionalidad entre sexo, informalidad y sector económico.

La primera columna del cuadro 2 muestra un coeficiente negativo significativo para la variable ficticia de mujer, mientras que la estimación de los efectos del empleo informal es positiva y muy significativa. Los modelos expuestos en las demás columnas del cuadro presentan resultados similares. Esto parece indicar que los trabajadores de la economía informal tenían más propensión a ser objeto de un expediente de regulación temporal del empleo en la muestra global en comparación con sus compañeros con empleos formales. Del mismo modo, los hombres de las zonas rurales también estaban más expuestos que las mujeres, independientemente de que tuvieran un trabajo formal o informal. La interacción entre las dos variables ficticias se muestra en la segunda columna del cuadro 2 con un coeficiente muy significativo de –0,253. Esto confirma que, aunque los trabajadores de la economía informal tenían más probabilidades de estar en situación de desempleo o de regulación temporal del empleo durante la pandemia, la incidencia era menos prevalente para las mujeres que para los hombres. Esto concuerda con los resultados descriptivos observados anteriormente. El cuadro SA4 del anexo suplementario 1 en línea muestra los efectos marginales de este modelo ampliado. Por ejemplo, en promedio, ser mujer con un empleo informal incrementa de forma acumulativa en 2,48 puntos porcentuales la probabilidad de que el trabajo del individuo no se vea afectado [(0,0271 – 0,0023) × 100]. Entretanto, las mujeres del sector informal tienen una probabilidad 0,78 puntos porcentuales menor de perder su empleo respecto de sus homólogos masculinos con tipos de trabajo similares [(–0,0099 + 0,0077) × 100].

Cuadro 2. Modelo logit ordenado ampliado con tres efectos sobre el empleo de los trabajadores rurales

Sin interacciones Con interacción (1) Con interacción (2) Con interacción (3)
Mujer –0,115***
(–4,53)
0,0211
(0,63)
–0,164***
(–5,43)
–0,328***
(–7,22)
Informal 0,0928***
(2,99)
0,195***
(5,36)
0,0928***
(2,99)
0,0973***
(3,12)
Sectores económicos (ref. agricultura)
Industria 1,414***
(27,27)
1,402***
(27,01)
1,411***
(27,20)
1,285***
(22,15)
Servicios 1,501***
(27,97)
1,497***
(27,87)
1,496***
(27,89)
1,359***
(22,70)
Interacciones
Mujer × informal –0,253***
(–5,95)
Mujer × sustentadora principal 0,171***
(3,08)
Mujer × sector
Industria 0,263***
(4,95)
Servicios 0,314***
(5,43)
Punto de corte 1 –2,524***
(–13,45)
–2,472***
(–13,14)
–2,542***
(–13,54)
–2,609***
(–13,86)
Punto de corte 2 4,155***
(22,09)
4,209***
(22,33)
4,137***
(21,97)
4,070***
(21,57)
Observaciones 86 558 86 558 86 558 86 558
Control de las características individuales
Control de los efectos provinciales y trimestrales
Control de ocupaciones, situación en el empleo, competencias
Logaritmo de verosimilitud –5 618 028,1 –5 615 023,1 –5 617 206,1 –5 614 905,3
Pseudo R2 0,4059 0,4063 0,4060 0,4063
  • * Significativo al nivel del 10 por ciento.   ** Significativo al nivel del 5 por ciento.   *** Significativo al nivel del 1 por ciento.

    Notas: Los errores estándar se indican entre paréntesis. Los dos puntos de corte indican los valores estimados para los dos umbrales en la variable latente continua que subyace a los tres resultados de empleo observados en el modelo, dado que todas las variables explicativas se evalúan en cero.

    Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021

Sin embargo, las vulnerabilidades de las mujeres rurales son más matizadas en función del sector económico y la situación familiar. Los dos últimos modelos del cuadro 2 muestran que los resultados en el empleo tienden a empeorar cuando la mujer es la sustentadora principal del hogar o se dedica a actividades no agrícolas en la industria o los servicios. Todos estos efectos multiplicativos son muy significativos y positivos, al igual que los efectos acumulativos. Ello da una idea de las múltiples vulnerabilidades a que se enfrentan las mujeres que sacan adelante su trabajo no agrícola al tiempo que cuidan de su familia como sustentadoras del hogar, una conclusión de interés en el caso del Viet Nam rural.

Desde un punto de vista sectorial, en todos los modelos del cuadro 2 se observa que los coeficientes de la industria y los servicios son sistemática y significativamente positivos. Esto sugiere que los trabajadores no agrícolas tenían más probabilidades que los agricultores de perder su empleo o de estar en un régimen de regulación temporal del empleo, en consonancia con la opinión generalizada de que la agricultura no salió tan mal parada durante la pandemia. En el anexo suplementario 1 en línea, el cuadro SA4 también muestra que los agricultores se vieron menos afectados, mientras que los trabajadores de los sectores de la industria y los servicios tenían más probabilidades de estar en un régimen de suspensión temporal del empleo (de 13 a 14 puntos porcentuales) o de ser despedidos (de 3 a 4 puntos porcentuales).

Además, también encontramos un diferencial de género al comparar estos efectos sectoriales. Los coeficientes positivos para los términos de interacción «mujer × industria» y «mujer × servicios» y un coeficiente negativo para la variable ficticia de mujer en el modelo ampliado (2) indican, a primera vista, que las mujeres eran menos propensas a sufrir graves consecuencias laborales durante la pandemia. Sin embargo, es probable que esto solo ocurriera en el sector agrícola. En los sectores no agrícolas, las diferencias de género son más acusadas y favorables a los hombres. Las mujeres rurales estaban bastante expuestas a los efectos más graves del empleo en trabajos no agrícolas. Una vez más, este resultado confirma algunas de las brechas de género observadas anteriormente en el empleo rural (véase el cuadro SA2 en el anexo suplementario 1 en línea). Aunque las mujeres parecen haber soportado un menor riesgo de pérdida del empleo (temporal o persistente) durante la pandemia, eran más vulnerables que los hombres a los expedientes de regulación temporal del empleo, a la suspensión de la actividad empresarial y a la reducción de horas de trabajo. Los efectos marginales recogidos en el cuadro SA4 del anexo suplementario 1 en línea confirman este resultado.

Teniendo en cuenta los resultados descritos, se analizaron los factores que determinan estos resultados observando cómo distribuían su tiempo los hombres y las mujeres entre el trabajo del mercado laboral y el trabajo no remunerado en el hogar durante la pandemia de 2021 y la crisis económica.

5.2. Tiempo dedicado a los cuidados ante la complejidad de crisis entrelazadas

Como se ha señalado en el apartado 4.2, parecía interesante analizar la cantidad de tiempo que los trabajadores dedicaban al cuidado de los miembros de su familia, en total y subdividido en tres grandes categorías: 1) trabajo doméstico, que incluye cocinar, limpiar, lavar la ropa y hacer la compra; 2) cuidados y apoyo prestados a personas adultas mayores de 18 años, y 3) cuidado de menores de 18 años.

En general, las trabajadoras urbanas dedicaban más tiempo al cuidado de familiares que sus homólogas de las zonas rurales, casi 14 horas frente a 12,5 horas. Tanto el trabajo doméstico como el cuidado de los menores ocupaban más tiempo en las ciudades, pero la población rural tendía a dedicar algo más de tiempo al cuidado de familiares adultos. Esto podría deberse a que el número de personas de edad avanzada que viven con sus hijos adultos bajo un mismo techo es mayor en las zonas rurales que en las ciudades. El gráfico SA1 del anexo suplementario 1 en línea muestra, además, que la disparidad de género en los tres tipos de trabajo no remunerado favorece a los hombres y supone una carga similar para las mujeres en las zonas rurales y urbanas. Las mayores diferencias entre hombres y mujeres corresponden al trabajo doméstico rural (casi seis horas) y al cuidado de menores en zonas rurales (unas tres horas), lo que implica un mayor nivel de disparidad de género en el trabajo de cuidados no remunerado en las zonas rurales de Viet Nam.

En una situación ideal, los estudios empíricos que miden el impacto del trabajo no remunerado en el empleo y en los ingresos deberían considerar los problemas de endogeneidad, ya que el empleo puede generar efectos inversos en la prestación de cuidados. Por ejemplo, cuando los trabajadores perdían su empleo o se veían obligados a trabajar menos horas en sus trabajos remunerados, se quedaban en casa y realizaban más tareas domésticas o de cuidados. La solución a los problemas de endogeneidad consiste en encontrar variables instrumentales que influyan en el empleo solo a través de variables de trabajo no remunerado. En diversos estudios se han utilizado datos sobre la demografía de los hogares o sobre los centros de cuidados comunitarios como instrumentos válidos (Nivakoski y Mascherini 2021; Sinha et al. 2024). Lamentablemente, el conjunto de datos aquí analizado no contiene ese tipo de información tan útil o no es adecuado para proporcionarla. Por ejemplo, la Oficina General de Estadística no publica las variables de identificación del hogar, del municipio o del distrito ni los meses en que se realiza la encuesta. En consecuencia, solo se intenta presentar una correlación y un análisis descriptivo en lugar de extraer efectos causales del trabajo no remunerado sobre el empleo remunerado o viceversa. El objetivo es ilustrar la influencia bidireccional de la doble situación de adversidad que soportaban los trabajadores rurales.

El gráfico 4 no refleja grandes variaciones entre sectores económicos en el tiempo total dedicado a los cuidados, sino solo una diferencia constante entre hombres y mujeres, como ya se ha explicado. Sin embargo, sí se aprecia una heterogeneidad más clara entre los trabajadores de la agricultura, la industria y los servicios en lo que respecta al cuidado de adultos. Además, desde la perspectiva de la (in)formalidad, el gráfico 5 muestra que la brecha de género en el trabajo total de cuidados es mayor para los trabajadores formales que para los informales. El trabajo doméstico absorbía la misma cantidad de tiempo para los trabajadores y las trabajadoras, independientemente de su situación respecto de la formalidad. En cuanto al cuidado de los menores, aunque se observan grandes diferencias de género en el sector informal y el formal, la brecha es mayor en este último (más de 2,5 horas). Es muy grande la diferencia en el trabajo total de cuidados entre las mujeres con empleo formal y las que tienen un empleo informal (más de seis horas).

Gráfico 4. Tiempo dedicado al trabajo doméstico, al cuidado de adultos y al cuidado de menores por sexo y sector económico en zonas rurales, 2021 (horas por semana)

Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021.

Gráfico 5. Tiempo dedicado al trabajo doméstico, al cuidado de adultos y al cuidado de menores por sexo y situación de formalidad en zonas rurales, 2021 (horas por semana)

Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021.

Para estudiar más a fondo la asociación entre los efectos de la pandemia sobre el empleo y el tiempo dedicado al trabajo de cuidados no remunerado, se examina la distribución del total de horas de trabajo de cuidados no remunerado en cuatro categorías de trabajadores que experimentaron diferentes efectos sobre el empleo. El diagrama de cajas del gráfico 6 muestra un análisis comparativo entre hombres y mujeres de zonas rurales por estado civil en relación con los cuatro efectos sobre el empleo. En cada efecto se observa que las mujeres dedican más horas semanales que los hombres en la mediana, en los cuartiles primero y tercero, y de forma aún más marcada en el cuarto. La mayor brecha de género se observa en el grupo de trabajadores casados, en el que la mediana y el promedio de horas que las mujeres dedican al trabajo de cuidados no remunerado duplican los valores correspondientes a los hombres. Por ejemplo, las trabajadoras casadas que fueron objeto de un expediente de regulación temporal del empleo, o de una reducción de las horas de trabajo, dedicaban un promedio de 19,6 horas semanales (mediana de 16 horas) al trabajo de cuidados no remunerado, mientras que los hombres casados que experimentaron los mismos efectos laborales solo dedicaban 10,1 horas (mediana de 8 horas).

Gráfico 6. Distribución del trabajo total de cuidados no remunerado por semana entre hombres y mujeres de zonas rurales por efecto en el empleo y estado civil, 2021 (horas)

Nota: Se excluyen los valores externos.

Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021.

Además, esas diferencias aumentan en función de la adversidad de los efectos de la pandemia sobre el empleo. En el grupo de personas casadas que perdieron su empleo pero volvieron a trabajar después, las mujeres dedicaron un promedio de 20 horas al trabajo no remunerado (mediana de 18 horas), mientras que el promedio en el caso de los hombres fue de 10 horas (mediana de 7 horas). La mayor diferencia se encuentra entre los trabajadores casados que seguían desempleados en el momento de la encuesta: las mujeres dedicaban un promedio de 21,3 horas (mediana de 18 horas) y los hombres un promedio de 10,9 horas (mediana de 7 horas) al trabajo no remunerado. También resulta curioso observar también una brecha de género entre los trabajadores casados cuyo empleo no se vio afectado, en el sentido que las mujeres dedicaban un promedio de 16,9 horas al trabajo no remunerado, frente a las 7,1 horas de los hombres.

Las responsabilidades familiares en los tres tipos de trabajo de cuidados representaban una carga considerable para los trabajadores casados, especialmente en comparación con las distribuciones de los trabajadores solteros. Aunque la brecha de género es visible en todas las medidas, las distribuciones del trabajo de cuidados en el grupo de hombres solteros no varían sustancialmente en función de los efectos laborales de la COVID-19. La mediana es de unas 5 horas (promedio de 5 a 6 horas), lo que equivale a menos de 1 hora al día. En cambio, las cifras son más elevadas en el grupo de mujeres casadas que estaban desempleadas de forma persistente. Esto confirma las interrelaciones entre los efectos adversos en el empleo remunerado y el trabajo no remunerado durante la pandemia, en el sentido de que las diferencias de género se amplificaron a medida que los efectos en el empleo se agravaban, sobre todo para los trabajadores casados.

En el gráfico 7 se distingue entre el empleo y el trabajo de cuidados en la economía formal e informal. El grupo de mujeres muestra una mayor distribución de las horas de cuidados en el primer y tercer cuartil y en las medianas en comparación con el grupo de hombres, y la diferencia en la situación de formalidad no es neutra en cuanto al género. No se observan disparidades significativas entre los trabajadores formales e informales de género masculino que experimentaron diferentes efectos en el empleo, con promedios de unas 7 horas y medianas de 8 a 9,3 horas semanales dedicadas al trabajo de cuidados no remunerado. En cambio, la brecha es mayor para las trabajadoras, especialmente para las que perdieron su empleo como consecuencia de la pandemia pero habían encontrado trabajo en el momento de la encuesta. En promedio, las mujeres dedicaban 17 horas semanales al trabajo de cuidados si pertenecían al sector informal, pero solo 14 horas si tenían un empleo formal. Las medianas muestran una diferencia similar de 3 horas (19,6 frente a 16,5). Este resultado indica la existencia de una carga adicional de trabajo no remunerado para las mujeres en el sector informal, además de las brechas de género existentes.

Gráfico 7. Distribución del trabajo total de cuidados no remunerado por semana, por efecto en el empleo, sexo y situación de formalidad, 2021 (horas)

Nota: Se excluyen los valores externos.

Fuente: Cálculos de los autores con datos de la EPA de Viet Nam de 2021.

6. Análisis

Una de las principales conclusiones de este artículo se refiere a las interrelaciones entre los efectos adversos en el empleo remunerado y las cargas de trabajo no remunerado durante la pandemia, en el sentido de que la brecha de género se amplió a medida que se agravaban los efectos en el empleo. Así sucede especialmente en el caso de las trabajadoras casadas que se ocupan del cuidado de menores y de ancianos. La responsabilidad de cuidar de los padres y de los suegros está fuertemente arraigada como norma social de género en Viet Nam, sobre todo en las zonas rurales, donde es frecuente la corresidencia multigeneracional. Aunque el conjunto de datos analizados no indica el sentido de la causalidad en los resultados del empleo y la intensidad de los cuidados no remunerados durante la pandemia, sí se confirma una fuerte asociación entre ellos. Esto concuerda con la amplia evidencia mundial de que el aumento del trabajo de cuidados durante la pandemia recayó desproporcionadamente sobre las mujeres (Bahn, Cohen y van der Meulen Rodgers 2020; İlkkaracan y Memiş 2021; Tribin et al. 2023), sobre todo en muchos países en desarrollo, donde esa carga limitó la participación laboral y la productividad de las mujeres en el mercado de trabajo (ONU Mujeres 2020).

En cuanto al estado civil, se observa que las personas divorciadas, separadas o viudas eran más vulnerables al peor resultado laboral, esto es, la pérdida persistente del empleo en 2021, máxime si también eran las principales sustentadoras del hogar. Esto coincide con el estudio de İlkkaracan y Memiş (2021) sobre Türkiye, en el que se constata un mayor aumento del trabajo de cuidados no remunerado entre las mujeres solteras en hogares con hijos. El aumento del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado supuso una mayor propensión a reducir las horas de trabajo o a cambiar de modalidad de trabajo.

La encuesta realizada por ONU Mujeres (2020) en 11 países de Asia y el Pacífico, más próximos al caso aquí estudiado, reveló que el porcentaje de mujeres que se vieron en la necesidad de asumir un aumento del trabajo doméstico no remunerado durante la pandemia de COVID-19 fue mayor que el de sus homólogos masculinos (el 63 frente al 59 por ciento). Los datos del presente estudio muestran algunos casos extremos en que los hombres solteros dedicaban, en promedio, menos de una hora diaria al trabajo de cuidados no remunerado, independientemente de los efectos de la pandemia en el empleo, mientras que las mujeres soportaban la mayor parte de ese trabajo (14 y 17 horas semanales en promedio, con una mediana de 16,5 y de 19,6 horas, dependiendo de si trabajaban en el sector formal o informal, respectivamente). Esto implica que, además de la brecha de género existente, las mujeres se exponían a una penalización o una carga adicional de trabajo no remunerado como consecuencia de la informalidad, lo que creó una carga de trabajo total (remunerado y no remunerado) que dificultaba la conciliación de las responsabilidades laborales con la vida privada.

A primera vista, el análisis descriptivo muestra porcentajes globales de trabajadores afectados adversamente bastante iguales entre sexos; sin embargo, los análisis econométricos revelan resultados dispares. Si se incluyen únicamente características individuales, se observa que las mujeres tenían una probabilidad 0,2 puntos porcentuales mayor que los hombres de perder su empleo y permanecer desempleadas durante la pandemia. Esta tendencia es similar a la observada en Italia, donde Bettin, Giorgetti y Staffolani (2024) constatan que la probabilidad de pérdida de empleo de las trabajadoras era 0,7 puntos porcentuales superior a la de sus homólogos masculinos (ibid.); o en España, donde las mujeres ocupadas estaban significativamente más expuestas a la posibilidad de pasar a un régimen de desempleo o de regulación temporal del empleo que los hombres (Farré et al. 2020). Alfonsi, Namubiru y Spaziani (2024) concluyen que, en países en desarrollo como Uganda, la pandemia redujo el empleo femenino en un 69 por ciento y el masculino en un 45 por ciento; sin embargo, los hombres recuperaron rápidamente sus niveles de empleo anteriores a la pandemia, mientras que 18 meses después del inicio de la pandemia el 10 por ciento de las mujeres seguían desempleadas y otro 35 por ciento seguían teniendo un empleo ocasional. Sin embargo, al controlar más características del trabajo, como el sector económico, la (in)formalidad y la ocupación, se observa que las mujeres presentaban un menor riesgo de pérdida de empleo, pero parecían ser más vulnerables que los hombres a los expedientes de regulación temporal del empleo, a la suspensión de actividades económicas y a la reducción de horas de trabajo. Estos resultados coinciden con algunas experiencias de países cercanos de Asia Sudoriental, como Indonesia, donde Elhan-Kayalar, Sawada y van der Meulen Rodgers (2022) constatan que, tras el estallido de la pandemia, el tamaño global de las empresas propiedad de mujeres se redujo más que el de las empresas propiedad de hombres.

Al centrar el análisis en el empleo informal en las zonas rurales, el estudio de los efectos de la pandemia se aleja del enfoque adoptado en la bibliografía existente sobre los trabajadores de la economía informal urbanos (Chen et al. 2022; OIT 2020a; Ogando, Rogan y Moussié 2022). Se desglosan los efectos heterogéneos entre los sectores económicos de la economía rural, mostrando que los trabajadores de la industria y los servicios tenían más probabilidades de ser despedidos o de pasar a un régimen de regulación temporal del empleo que los agricultores. Esto concuerda con el análisis de nivel macro realizado por la OIT (2022). Los efectos marginales indican también una mayor propensión de los trabajadores agrícolas a no verse afectados por la pandemia. Además, se detectan efectos de género no neutrales en todos los sectores económicos. Concretamente, en los sectores no agrícolas, como la industria o los servicios, las diferencias de género a favor de los hombres aumentan con la probabilidad de experimentar los efectos más graves sobre el empleo.

7. Consecuencias para una política con perspectiva de género y observaciones finales

El análisis expuesto en este artículo muestra que los efectos de la pandemia en Viet Nam estuvieron muy condicionados por el género. A pesar de la buena cobertura de las medidas estatales de apoyo a los trabajadores de la economía formal e informal (analizadas en el anexo suplementario 2 en línea), esas políticas paliativas no se diseñaron ni aplicaron con perspectiva de género. El observatorio del PNUD sobre la respuesta de género a la COVID-19 (COVID-19 Global Gender Response Tracker) mostró que, aunque Viet Nam había aplicado 14 medidas políticas activas de protección social y respuestas relativas al mercado laboral, no había tenido en cuenta una perspectiva de género.6 En Viet Nam no había una política sobre cuidados no remunerados, aunque sí algunas normas contra la violencia de género. Desde un punto de vista macroeconómico, según la información de que se dispone, no existía un apoyo especial a los sectores económicos feminizados. El caso de Viet Nam no era único. En muchos países, las medidas dirigidas a reforzar la seguridad económica de las mujeres y a abordar el problema de los cuidados no remunerados representaban solo una fracción del total de la protección social y de las respuestas laborales a la pandemia.

La economía del cuidado resultó ser esencial durante la pandemia, pero su relevancia ya era evidente desde etapas anteriores. Sin embargo, la interconexión entre la crisis sanitaria y las consiguientes crisis económica y social sacó a la luz las deficiencias y carencias del trabajo de cuidados y reproducción social, remunerado o no remunerado. Las limitaciones de datos han impedido identificar un efecto estadísticamente causal entre las cargas de trabajo no remunerado y el cambio de situación en el empleo, pero se ha demostrado empíricamente la asociación del trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres en las zonas rurales. La evidencia de la intensificación mutua de esta doble carga durante la pandemia reaviva este tema de debate en la agenda política de Viet Nam. Por otra parte, la importancia de la economía del cuidado es un hecho que pusieron de relieve las organizaciones internacionales, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales participantes en la 68.ª reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (ECOSOC 2024). Es necesario reducir la carga de trabajo de cuidados no remunerado que soportan las mujeres para otorgarles la libertad de elegir empleo en los sectores formal e informal. Reducir el trabajo de cuidados es una tarea ingente. Según el marco del «rombo del cuidado» (care diamond) (Razavi 2007), el papel del Estado en la prestación de cuidados adquiere un protagonismo cada vez mayor en la coordinación entre el Estado, el mercado, la familia y el sector comunitario y sin ánimo de lucro en aras del bienestar de la sociedad.

En la mayoría de las economías en desarrollo, los servicios de cuidado de ancianos y niños fuera del ámbito familiar son limitados. Los cuidados prestados por los familiares, los hogares y los grupos de parentesco son fundamentales, aunque el Estado también puede desempeñar una función destacada. Con una infraestructura rural deficiente para los cuidados, tanto en calidad como en cantidad, y oportunidades menos asequibles de externalización de ese tipo de servicios, el cuidado familiar no remunerado resulta aún más esencial. En consecuencia, es imprescindible que el Estado invierta en servicios públicos más amplios y mejores para reducir la carga de cuidados que recae sobre las mujeres rurales. La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la demanda de trabajos de cuidado y reproducción social, así como la necesidad de políticas de conciliación del trabajo con la vida privada y de inversión en asistencia social. Los responsables políticos de Viet Nam pueden acelerar los esfuerzos para avanzar hacia una recuperación inclusiva y sostenible, integrando la dimensión de género del trabajo remunerado y no remunerado en el debate sobre el trabajo decente para todos, prestando apoyo a los trabajadores formales e informales y salvaguardando la protección social de los cuidadores familiares.

Notes

  1. El Programa de Trabajo Decente fue adoptado por la OIT el 10 de junio de 2008, como parte de la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa.
  2. Véase un sucinto análisis de las medidas de apoyo y los paquetes de políticas en el anexo suplementario 2 en línea (en inglés).
  3. Como la definición de empleo informal aplicada por la GSO no coincide con la adoptada por la OIT (2013), en este artículo se utiliza la expresión «sector informal» en lugar de «economía informal» en el contexto de Viet Nam (véase también OIT 2021b, 16).
  4. Las incidencias se recogen en el cuadro SA1 del anexo suplementario 1 en línea.
  5. Esta variable se deriva directamente de una pregunta sobre competencias técnicas en la EPA de Viet Nam de 2021. La Oficina General de Estadística define a grandes rasgos los niveles de calificación técnica en función del nivel de estudios, la experiencia laboral y los certificados de formación en el empleo. El nivel educativo y la calificación técnica suelen ser equivalentes para las personas con estudios universitarios y superiores, pero pueden divergir en el caso de las personas con niveles educativos inferiores dependiendo de la duración de la formación en el empleo —menos de tres meses, un año o dos años— asociada al certificado (GSO 2022).
  6. Véase https://data.undp.org/insights/covid-19-global-gender-response-tracker (consultado el 29 de agosto de 2025).

Agradecimientos

Esta investigación no ha recibido financiación. Los autores dan las gracias a la Oficina General de Estadística de Viet Nam por haberles facilitado los datos utilizados en este estudio, y a la Facultad de Economía de la Srinakharinwirot University (Tailandia) por su apoyo administrativo. Agradecen asimismo todos los comentarios y sugerencias recibidos de los participantes en las sesiones especiales sobre las crisis interrelacionadas y el mundo del trabajo en la 8.ª Conferencia sobre Reglamentación del Trabajo Decente, celebrada en la OIT en 2023. Dan también las gracias a la OIT por la beca de viaje que permitió a la autora para la correspondencia presentar este estudio en dicha conferencia. Por último, los autores agradecen las observaciones de los revisores anónimos sobre una versión anterior de este artículo. Se aplican los descargos de responsabilidad habituales.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no incurren en ningún conflicto de intereses con respecto al presente artículo.

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